Fani Álvarez nos comparte su experiencia en la creación del worldbuilding de sus obras. La autora ha editado con LES Editorial la distopía Nivel 10 y del relato de ciencia ficción «Vexel» (Insólitas).

 

Adentrándonos en el wordlbuilding

Crear un mundo nuevo no siempre es fácil. No consiste solo en dibujar un mapa y poner nombres a las ciudades, hay que ir más allá. A veces ni siquiera hace falta que le pongas nombre a esas nuevas ciudades, pero desde luego que la sensación que deben tener les lectores cuando leen tu historia es que no están en nuestro mundo real.

El worldbuilding es una de las partes más entretenidas a la hora de escribir ciencia ficción o fantasía, al menos para mí lo es. Cada persona tiene sus rituales para crear sus mundos ficticios, pero creo que coincidimos en que es de los momentos de mayor creatividad del proceso de escritura. Para mí, además, es una herramienta indispensable para otorgar un contexto sociocultural en el que la historia cobre sentido. Sin ese futuro ficticio de Nivel 10 o «Vexel» (Insólitas), las premisas de cada una de estas tramas no tendrían razón de ser, ni podría haber explorado los temas que abordo de la forma en que lo he hecho.

 

 

¿Cómo desarrollo mi worldbuilding?

Normalmente, lo que primero me surge es la idea principal, la premisa sobre la que gira la trama; una vez tengo esto, me doy cuenta de qué clase de mundo necesita mi historia y ahí es cuando empiezo a pensar en cada detalle.

  • Avances tecnológicos: En ciencia ficción es uno de los elementos esenciales de la trama, sobre todo si quieres tratar cómo la sociedad convive con esos avances. Muchas ideas se me ocurren leyendo, por ejemplo, noticias que me encuentro sobre ciencia, o bien simplemente planteándome situaciones hipotéticas en las que los seres humanos podríamos encontrarnos. Cuando tengo el concepto principal de ese avance tecnológico es cuando ya me pongo con el “diseño”, me imagino las prestaciones, la forma, cómo surgió, potenciales usuarios, repercusiones, etc. Si se os da bien dibujar, hacer un boceto ayuda a tenerlo presente y describirlo mejor una vez que llegue la hora de ponerse a escribir.
  • Sistema de magia: Si lo que os gusta escribir es fantasía, tenéis que darle casi tanta importancia a la magia como a los personajes, pues de ella depende prácticamente todo. Podéis tener una buena historia y estar en pleno proceso de escritura y daros cuenta de que el sistema de magia que habíais diseñado tiene un pequeño fallo o incoherencia y que ese pequeño detalle eche a perder toda la trama. Tenéis que desarrollar bien quién puede hacer magia, qué efectos tiene sobre el mundo que rodea a vuestros personajes, qué coste tienen los poderes de vuestros personajes, si está aceptada o no en la sociedad, qué circunstancias alteran el uso de la magia, etc. Cuanto más detallado en vuestras notas, mayor control tendréis de la trama y de los personajes.
  • Sociedad: Tanto en ciencia ficción como en fantasía, tenéis que decidir qué tipo de sociedad vive en vuestro mundo, si hay clases sociales, cómo se gobiernan, qué trabajos existen, si hay razas o grupos étnicos, cómo afecta el nivel socioeconómico a los personajes, etc.
  • Religión: Pueden ser muy interesantes las creencias religiosas o la espiritualidad en la trama, no solo los rituales propios de las religiones, sino su aceptación en la sociedad, su legado cultural y otros aspectos que influyen en el día a día.
  • Geografía, topografía, urbanismo: Los lugares donde sucede la trama, si están bien escritos y desarrollados, pueden ser tan importantes como cualquier otro personaje. Pueden suponer obstáculos que superar en los viajes de los personajes, pueden determinar la forma de las ciudades o el tipo de economía de la zona. En cuanto al urbanismo, me parece muy interesante usarlo para reflejar la historia del mundo ficticio, pues es la muestra del desarrollo de las sociedades, además de ser el fondo que nuestros personajes tienen en sus aventuras.

 

 

¿De dónde obtengo la inspiración para el worldbuilding?

Todo vale. Tal cual. Leer de todo, desde narrativa hasta revistas de divulgación; tener conversaciones interesantes con la gente; viajar, aunque sea una escapada cerca de casa; explorar lugares poco conocidos de tu ciudad o de tu provincia, etc. Hasta un sueño o una sesión de autocontemplación y reflexión en la ducha en la que dejamos volar nuestra imaginación puede funcionar como fuente de inspiración. Cualquier nuevo estímulo le da al cerebro algo con lo que trabajar, cuanta más materia prima tengamos, más diversidad de ideas podremos elaborar.

También es muy útil plantearnos supuestos y preguntas del tipo «¿y si…?» o «¿qué pasaría si…?»’. Forzarnos a imaginarnos un escenario o una situación totalmente hipotética ayuda a dar rienda suelta a nuestra capacidad de buscar soluciones. ¿Y si mi planeta tuviese forma de cubo? ¿Y si los personajes de mi novela no tuviesen sentido de la vista? ¿Y si se pudiesen grabar los sueños que tenemos y reproducirlos en la tele? Las ventajas de crear un mundo ficticio es que no hay límites, salvo los que tú quieras poner.

Cierto es que no siempre esas ideas llegan cuando las necesitamos. A veces se tarda mucho en dar con la adecuada incluso aunque nos estrujemos los sesos; otras, llegan sin apenas planearlo. Lo importante es anotar todo aquello que se nos vaya ocurriendo y explorar maneras de darle la forma que queramos. Desde luego que sin trabajar ni reflexionar sobre nuestro mundo ficticio (o haberlo hecho durante el tiempo suficiente), no obtendremos nada.

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