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O por qué las ferias del libro son útiles, pero no la panacea.

Termina abril y con él se va el Día del Libro y las campañas promocionales que tanto salvan el año a algunas editoriales, con la visita a ferias que, si tienes suerte, significan ventas. Este es un mundo en el que competir se hace cada vez más difícil. Lo que un año funcionó puede no funcionar igual de bien al siguiente y para una microeditorial como LES todo libro vendido suma y toda estrategia que sea coherente con nuestras ideas y principios editoriales también, pero siempre hay que estar reformándola y reintentando que os guste comprar algo de esta nuestra casa.

Ya lo hemos dicho muchas veces: ni podemos ni queremos competir con las grandes editoriales, básicamente porque NO PODEMOS. Y decir lo contrario sería engañarse, jugamos en ligas distintas con estructuras distintas. Los grandes grupos editoriales (porque estamos hablando de grupos, no editoriales en sí, sino enormes grupos empresariales con tentáculos que se extienden por todo el mercado abarcando decenas y decenas de editoriales o más) cuentan con mucho músculo económico, redes consolidadas, mayor capacidad promocional, presencia mediática, rotación constante de novedades… Nos equivocaríamos si pretendiésemos imitar o seguir su estela, cualquier editorial independiente está destinada al fracaso si pretende esto (la lucha es otra).

En LES Editorial celebramos eventos de vez en cuando y acudimos a aquellas citas editoriales que creemos que nos pueden resultar beneficiosas económicamente. Es un gran esfuerzo, que agota, pero también nos permite volver con pilas cargadas. Porque una microeditorial depende mucho más del contacto directo con el público que una macro. ¿Y qué suponen las ferias? Pues no solo una posibilidad de ventas, sino de ver a la gente cara a cara, de tener contacto directo con nuestres lectores y poder explicar el catálogo o dar a conocer nuestros libros a quienes aún no lo son. No son muchas las citas a las que podemos acudir, pero por suerte contamos con apoyos y colaboraciones con otras editoriales, y por ello ha sido posible llevar nuestras novedades y autoras a Valencia, Granada o Madrid.

Te contamos esto todavía con la resaca de Sant Jordi, pero no vamos a idealizarlo. En las ferias también se reproduce la desigualdad del mercado, ya que los grandes grupos llegan siempre con autores más conocidos que arrastran público, capacidad de convocatoria y además tienen a su favor la maquinaria promocional y los medios. Una pequeña editorial independiente como la nuestra, en cambio, confía más en la cercanía y un catálogo más singular y personalizado y se tiene que intentar hacer hueco con sus armas. Pero aún hay más, ja, sumémosle que incluso en las ferias las editoriales de nicho venden aún menos que las microeditoriales generalistas, lo que dificulta amortizar los gastos de desplazamiento y los precios de los stands. Es decir, que a veces ni siquiera las ferias son una salida.

El panorama es este. ¿Y el objetivo? Sobrevivir. Casi más un desafío, porque recordemos que en general las microeditoriales o editoriales independientes son unipersonales o formadas por un pequeño equipo de personas sobre las que recae todo. La apuesta por cada libro es mucho más directa, el margen de error más pequeño. Evidentemente, publicamos menos que una grande y cada título lleva un gran trabajo de inversión detrás, se intenta alargar su vida útil y crear un fondo editorial duradero que refleje la identidad de la editorial. Así que las ferias y festivales literarios no son la panacea ni mucho menos, pero sí son una de las vías con las que intentamos darnos a conocer y conectar con lectores, para que a final de año den los números y las ilusiones.

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