Tiempo de lectura: 5 minutos

Inma Miralles es autora de Una de esas chicas y jurado en el I Premio Herstoria.

 

Tipologías textuales: ¿cómo contar una historia

 

Si alguna vez habéis pensado en escribir una novela, habéis abierto el ordenador y tribulado ante la pantalla en blanco, seguro que os sonará esta pregunta: ¿por dónde empiezo?

Y es que, en general, a no ser que una sea Emily Brontë, necesitamos pararnos un poquito a pensar antes de ponernos manos a la obra. Una novela cuenta una historia, y una historia no es más (ni menos) que una acumulación de información, aunque suene muy prosaico, a la que hay que dar “forma” de la mejor manera posible. De la manera más efectiva, la que nos vaya a dejar más satisfechas como escritoras, pero también vaya a conectar mejor con quien nos lea.

Esto os va a sonar a obviedad, pero lo primero que debéis tener claro es QUÉ vais a escribir. La respuesta más evidente sería, “pues tía, una historia sobre todo lo que me ha pasado en nosedonde”. Y sí, pero aquí viene el primer truco:

 

CONCRETAR: En el QUÉ hay siempre un montón de posibilidades. El QUÉ es una abstracción muy amplia que cabe en “una historia sobre lo que me ha pasado en nosedonde”. Pero, dentro de esto, hay un montón de pequeñas anécdotas que son las que tenéis que seleccionar para ir dando cuerpo a una estructura. Utilizaremos el recurso de la “escena” para separar la historia en unidades pequeñas con sentido interno, pero no todas esas “anécdotas” tienen por qué ir configuradas en escenas en sí, y aquí viene el segundo truco:

 

CÓMO SE ESCRIBE EL QUÉ: Esta es mi parte favorita del proceso de escritura. En principio puede parecer algo muy técnico, pero cuando os pongáis a ello veréis como no. El QUÉ es fundamentalmente información, y dentro de esa información tenemos que seleccionar cuál es más importante para detenernos en ella, y cuál es menos importante para no detenernos tanto. ¿Y cómo se hace esto? Existen cinco tipologías para seleccionar el tipo de forma que queremos dar a la información:

  • Acción: Se describe una acción.
  • Descripción: se describe el entorno, un sentimiento, cualquier cosa.
  • Explicación: Se explica lo que sucedió, en lugar de contarlo (ahora vemos la diferencia).
  • Digresión: se reflexiona acerca de cualquiera de las anteriores.
  • Diálogo: información que se ofrece a través de la conversación entre personajes.

 

La información que necesite un espacio largo y tendido la contaremos en escenas, que suelen estar configuradas por un poco de cada de todo lo anterior.

La información que no necesite mucho detenimiento la ofreceremos más rápido, normalmente mediante el recurso de la explicación.

Como ejemplo, os voy a ir poniendo pequeñas partes eliminadas del último capítulo de Una de esas chicas (obviamente, sin hacer spoilers).

 

EJEMPLO DE ESCENA (información que se cuenta, se muestra ante la lectora)

  • La tienda de café:

No era la primera vez que entraba en aquella tienda, pero desde el primer momento intuí que sería diferente (acción). Los estantes repletos de bolsitas de café sin moler eran los mismos de siempre, dispuestos en hileras casi geométricas, con los distintivos de cada marca bien a la vista (descripción). Todo parecía tan mundano como siempre y, sin embargo, tuve la sensación de que algo palpitaba detrás de cada objeto, de cada estante, de cada bolsa de café e incluso detrás del tendero, como si intentasen decirme algo (digresión). El tendero era el típico italiano de cliché, un hombre entrado en la cincuentena, con bigote oscuro y muy poblado, el típico que se jacta de saber más de la vida de los clientes que los propios clientes: todo un personaje (descripción). Me acerqué a la barra y entonces fue cuando supe que algo no iba bien (acción).

―Buongiorno ―me saludó, sin mucho entusiasmo (diálogo).

 

Fragmento de la portada de Una de esas chicas.

EJEMPLO DE EXPLICACIÓN (Información que se cuenta, no se muestra ante la lectora, sino que se resume)

  • La copita de vino:

 Lo único que daba alguna tregua a la rutina era esa especie de ritual: cada tarde, cuando caía el sol ―antes o después de cenar, daba lo mismo―, escogía una de las botellas de vino italiano de la gama más alta del súper y me servía una copa (acción). Puede parecer ridículo, pero detenerme así, cruzada de brazos frente a la ventana, dando ligeros sorbos de cualquier tinto barato de la Toscana, me hacía sentir especial al menos durante un rato: más que especial, acompañada, humana, como era antes de toda aquella locura. La desesperación te enseña eso: lo preciada que puede llegar a parecerte la normalidad más absoluta, sobre todo cuando la pierdes (digresión). Desde aquella ventana, la ciudad se veía cada vez más gris, más apagada, como si alguien hubiese aparecido a hurtadillas y hubiera apagado la luz antes de tiempo (descripción).

 La información que se resume, como esta de la copa de vino, suele estar aislada en medio de otras escenas, ejerciendo de transición, de inicio o de final de escena o de capítulo. Por ejemplo, esta podría servir al final de la escena de la tienda de café, cuando la protagonista ha vuelto a casa y se le ha pasado el subidón e intenta recuperar un poco de normalidad.

 

Y yo creo que teniendo en cuenta todo esto, ya podéis empezar a escribir. No lo interpretéis como que tenéis que tener en cuenta continuamente si aquí vais a meter una acción, allí una explicación y allá un diálogo, lo que os recomiendo es que os centréis en la información concreta que queréis dar (como dije al principio, en pequeñas unidades de sentido, incluso sabiendo desde dónde y hasta dónde queréis llegar temporalmente), que dejéis fluir la escritura y que, simplemente, si veis que al releer algo se os está quedando raro, seguramente será porque habéis metido mucho de algo y poco de otro algo, por ejemplo (una cosa que se ve muy a menudo):

 “No era la primera vez que entraba en aquella tienda, pero desde el primer momento intuí que sería diferente. Miré al tendero y me pareció el mismo de siempre. Me acerqué a la barra y entonces supe que algo no iba bien”.

 Tres acciones seguidas cantan mucho y en general quedan mal, y con lo demás pasa lo mismo, si os pasáis describiendo sin alternar otras tipologías o sois Tolkien o la gente se tirará por el balcón (incluso con Tolkien se tiran).

 

Espero que os haya gustado el post y que os sea de utilidad. ¡Felices historias a todas!

 

Inma Miralles

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