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¡Hola a todo el mundo en general y fans de Recuerdos y Anna Pólux en particular!

Hoy traemos una exclusiva que ya pudiste ver en el directo de la presentación de Adiós no, hasta luego. ¿No la viste? Pues es nada más y nada menos que ¡una entrevista a Robin! Sí, sí, como te lo cuento. Aunque ella no pudo acudir (por razones de peso que todas entenderíamos), tuvo una portavoz de lujo. A continuación, reproducimos tal cual sus respuestas… ¡qué crack!

Bárbara Guirao

Bárbara, siento no poder estar en directo contigo y con nuestras fans, pero a Dani le han cambiado el partido de la final de balonmano y juega contra el instituto de Freemont y tengo que ir a verla. Primero, porque ese equipo es muy chungo y mete muchas faltas, así que está nerviosa. En plan: «Robin, ¿y si me rompen la pierna y me dejan coja para siempre?», ya le he dicho que le tunearía las muletas y le quedarían superchulas, pero no le convence. Segundo, tengo que ir a verla porque el uniforme del equipo le queda de puta madre y tú también tienes tu encanto, pero es que Dani me dedica unas sonrisas que madre mía cada vez que marca gol y no quiero perderme ni una.

He respondido a tus preguntas y le he pedido a Anna que sea mi portavoz. Da las gracias a todas las personas que hayan venido a verme, pero seguro que comprenden que yo prefiera ver a Dani. Es que es Dani. Seguro que, si pudieran, se irían a verla también.

Un abrazo,

Robin Brooks

Te he invitado a ti a la presentación porque eres la principal narradora de los cuatro libros que conforman la saga de Recuerdos, aunque Dani también colabora en la narración de vuestra historia. A lo mejor aquí hay gente que no se los ha leído y no queremos spoilearles, así que voy a intentar que con mis preguntas no desveles más de la cuenta. Vamos a empezar con una sencilla:

¿Cuándo conociste a Dani?

Siempre que alguien pregunta eso contesto que desde siempre, porque no recuerdo nada antes de que llegara ella, así que es medio verdad, pero a ti voy a contarte la verdad entera: la conocí cuando teníamos cinco años en el infierno, aunque mi madre, Margaret, se empeñaba en llamarlo «clase de segundo de infantil». Vino nueva y encima llegó tarde, entró de repente de la mano de su madre y escondida tras su falda. Cuando su madre se marchó se quedó con cara de susto y con ojos de perrito abandonado y además hablaba raro: es que era carne de cañón. A los diez minutos todos se burlaban de ella y yo no había visto a nadie llorar tanto en los días de mi vida.

La mayoría de la clase la vio como presa fácil y se metía con su acento. ¿Qué pensaste tú? ¿Cuál fue tu primera impresión?

Lo primero que pensé fue que era una niñita de mamá y que sería muy muy fácil robarle el almuerzo. También pensé que eso de Londres sonaba lejos y me pregunté qué comería la gente de allí de almuerzo.

¿Y ahora que la conoces mejor? ¿Qué piensas?

Pienso que es una niñita de mamá, pero que no fue nada fácil robarle el almuerzo y encima me convenció de que no robase ninguno más. Así que también pienso «qué pena das, Brooks» y «jodida Danielle Nichols».

Tengo entendido que la única razón por la que te hiciste su amiga fue porque te encantó el almuerzo que llevaba para comer en los recreos. ¿Qué almuerzo era? Conociendo tu reputación, debía de ser la bomba para que siguieras juntándote con ella.

Vale, mi respuesta tiene dos partes y la segunda no puede salir de aquí. Primera parte: el almuerzo que llevaba Dani eran las galletas con pepitas de chocolate más increíbles que había probado en la vida. Debían de ser de Inglaterra o llevaban droga o algo. Brutales. Casi lloro cuando su madre le dijo que dejaron de fabricarlas y Dani lloró de verdad porque pensaba que dejaría de ser su amiga si no las llevaba.

Y esto lo enlazo con la segunda parte de mi respuesta, que no puede salir de aquí: le hice una mierda de dibujo, pero cuando se lo di se le iluminaron los ojos y dijo que lo iba a colgar en su habitación. Solo porque se lo había dado yo. Así que al final de aquella primera mañana quería volver al infierno al día siguiente para jugar con ella otra vez y me daban igual las puñeteras galletas. Habría comido brócoli por seguir pasando los recreos con ella.

Brócoli… fuertes declaraciones… Después de conocerla os hicisteis inseparables. Llevabas mucho tiempo compartiendo clase con otros compañeros y no te hiciste mejor amiga de Ronda, ni de Sarah… ¿Qué dirías que tenía Dani de especial?

¿Hacerme mejor amiga de Ronda James? Por Cristo bendito. Menuda penitencia… No merece ni una respuesta.

Hasta que llegó Dani, el resto de niñas pensaban que jugar a los superhéroes eran cosas de chicos y los chicos pensaban que las chicas no podían jugar a los superhéroes. Y todos decían que buscar formas en las nubes era superaburrido. Al resto de las niñas le daba asco tocar hormigas.

Dani flipó con mi sudadera de Spiderman. A los dos días trajo sus muñecos de La dama y el vagabundo para jugar a que los míos de superhéroes tenían que rescatarlos de la perrera y antes de que me tumbara bocarriba en el suelo ella ya había encontrado como dos o tres nubes con forma de caca de perro. Y se reía todo el rato y gritaba superalto cada vez que encontraba un hormiguero nuevo.

Con ella no tenía que fingir más, eso tuvo Dani de especial.

Encajasteis muy bien como mejores amigas, pero la sinopsis del primer libro de vuestra saga, «Me sobran los Romeos», deja entrever que después de unos años a ti Dani empezó a encajarte como algo más… ¿Cómo fue eso? ¿Y cuándo pasó?

¿Cómo fue enamorarme de Dani? Un infierno y la hostia, todo a la vez.

Y lo he pensado como un millón de veces, pero no sé cuándo pasó. Seguro que muy poco a poco, pero un día estaba animándola en las gradas en uno de sus partidos de balonmano y su eterno enamorado Nathan la animaba a un par de metros de mí y pensé que era patético. Y de repente me di cuenta de que yo era igual de patética que el patético de Nathan. Y de repente entendí por qué me jodía tanto cada vez que él la invitaba al cine o cuando le sonreía con cara de empanado mental.

A partir de ahí fue todo cuesta abajo y cuesta arriba, en plan montaña rusa de las chungas, de las superadictivas, porque me di cuenta de que Dani tenía una sonrisa que solo le salía conmigo. Su sonrisa tonta. Empezó a ponerme el corazón a mil cada vez que me la dedicaba y Dani empezó a llamarme Brooks y yo sentía cosas en la barriga al oírla decirlo de la forma en que lo dice ella.

La montaña rusa subía superalto cuando estábamos así y luego bajaba de golpe cada vez que Nathan la invitaba al cine o cuando la gente decía «bolleras no. Qué asco». Me daba mucho miedo que Dani le dijera que sí a Nathan y que pensara «qué asco» ella también.

Así fue. Un infierno y la hostia. Todo a la vez.

Yo me he leído los cuatro libros de la saga, pero, como he dicho antes, no quiero hacer spoilers a gente que aún no conozca vuestra historia. Así que he pensado en rescatar algunos detalles de las portadas (cosa que toda la gente puede ver) y preguntarte por ellos. Primero, quiero saber qué os parecen las portadas que hizo Marga para ilustrar vuestra historia. ¿Tenéis una favorita?

Son alucinantes todas. Las cuatro. Queremos darle las gracias a Marga por dibujar mucho mucho mejor que Dani. No tengo una favorita, pero tengo un elemento favorito que sale en todas, así que técnicamente todas son mis favoritas. La casa del árbol.

Dani lloró al ver la primera, lloró al ver la segunda, lloró al ver la tercera y lloró con hipo al ver la cuarta. Dice que la casa del árbol decorada del Halloween de nuestros catorce es su preferida. Que aquella noche es su recuerdo favorito.

Vamos con los detalles de las portadas: la casa del árbol. ¿Qué me puedes decir de ella?

Me la construyó mi padre como regalo cuando cumplí ocho años. Al principio pensé que sería la hostia tener un sitio solo mío, lejos de la cotilla de Margaret. Que podría cortar tranquilamente las camisetas de Glenn para hacerme banderas para mis barcos piratas y que Margaret no me tocaría las narices cada dos por tres con eso de «Robin, recoge tu cuarto», «Robin, saca la basura», «Robin, ¿has hecho los deberes?». «Por Dios, esta niña».

Pensé que sería la leche porque podría estar allí sola y no me molestaría nadie, pero luego me di cuenta de que no quería estar allí arriba yo sola. Quería que también estuviera Dani. Y Dani también quiso estar conmigo allí arriba, por eso se convirtió en especial para mí, porque a Dani se le salía la sonrisa de la cara e iba por ahí chuleándose de que solo la dejaba subir a ella. Como si fuera lo mejor del mundo que la dejara subir. Fue el primer sitio solo «nuestro» y pasaron un montón de cosas ahí arriba, pero no puedo hacer spoilers… 

Sigue leyendo la entrevista en el blog de Anna Pólux.