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Por Marta Pita Dopico, autora de El legado de Lexa y CM de LES Editorial.

 

Igual no lo sabías, pero hoy es el día del amoooooooor. Eso dicen. Pero de un «amor» muy concreto, claro. Acompáñanos a descubrir qué es lo que sostiene este sistema. Hoy en LES… hablemos de amatonormatividad.

 

¿Y qué es la amatonormatividad? Pues la creencia o suposición de que tener una relación romántica debe ser algo central en la vida de toda persona, evidentemente una relación monógama y exclusiva que cumpla ciertos parámetros sociales. Vivimos en una sociedad amatonormativa.

 

Esto implica varias cosas:

  1. A partir de cierta edad se espera que elijas una relación romántica exclusiva con la que compartir tu vida, existe una presión social por emparejarse.
  2. A la atracción romántica se le da más valor que a otras relaciones afectivas como la amistad.
  3. La relación romántica está unida socialmente a la relación sexual, de manera que no se contempla establecer un lazo romántico con alguien si no existe atracción sexual o relaciones sexuales entre esas personas.

 

 

Todo esto nos afecta en general, pero especialmente deja fuera a muchas personitas asexuales y arrománticas (ya que no se entienden ambas atracciones por separado ni se espera que las personas no sientan una u otra y/o prefieran otro tipo de relaciones), y también poliamorosas. Aunque aquí hay que matizar que se suele hablar de poliamor, pero en realidad sería más correcto hablar de relaciones no monógamas, ya que existen distintos conceptos entre los que entraría el poliamor.

 

Hay muchos modelos relacionales, no solo monogamia vs. poliamor. Por ejemplo, muchas parejas eligen tener una relación abierta, que normalmente vendría a ser tener un compromiso afectivo con esa persona, pero sin exclusividad sexual. Es decir, se pueden tener relaciones sexuales fuera de la pareja, pero manteniendo la exclusividad romántica. Desde un punto de vista de prácticas sexuales no normativas podríamos hablar del mundo swinger, lo que vendría siendo el intercambio de parejas. Como decimos, se mantiene la exclusividad afectiva, pero no la exclusividad sexual, y ambas personas participan de la práctica.

 

 

 

En el caso del poliamor no existe exclusividad sexual ni romántica. Puedes tener una relación sexo-afectiva con dos, tres o las personas que sean. Es decir, una persona poliamorosa puede tener varias parejas; también otras relaciones ajenas a sus parejas si así lo deciden. Una variante que se utiliza a veces es la de polifidelidad. Esto es, un grupo de personas elige exclusividad sexual y/o afectiva dentro de su grupo, pero con el acuerdo de no tener relaciones sexo-afectivas fuera de dicho grupo.

 

A lo mejor también has oído hablar de otros conceptos como el de anarquía relacional, que suele entenderse como un compromiso más político a la hora de relacionarse no basado en categorías o normas preexistentes y en el que todas las relaciones son vínculos igual de importantes. Es decir, para que nos entendamos, no hay exclusividad sexo-afectiva ni jerarquías. Ya sea algo más tipo amistad, algo más romántico…, etc., todo tiene el mismo nivel de importancia y se acuerda con cada persona sin limitarse a las normas o etiquetas comúnmente aceptadas.

 

 

 

Y se podría seguir porque, al contrario de lo que popularmente piensan muches, los distintos modelos relacionales no son algo nuevo. Existen propuestas distintas desde hace mucho tiempo (seguro que te suena el «amor libre» hippie), porque lo que importa no es la etiqueta, sino la forma de establecer vínculos y relaciones más allá del modelo amatonormativo. Aunque eso sí, todos los modelos implican comunicarse y establecer acuerdos con cada persona y pareja que participen, si no estaríamos ante otra cosa: engaños e infidelidades, hablando en plata.

 

¿Y qué pasa si no sientes atracción sexual y/o romántica? ¿Si no quieres tener pareja, pero sí te gustaría tener otro tipo de relaciones íntimas que no impliquen prácticas sexuales? Pues mira, en el colectivo ace suele utilizarse el término arrobamiento como el deseo de tener una relación no romántica o sexual con alguien, pero que es más fuerte que lo que se considera una «amistad». Podría decirse que es una relación más intensa que una amistad, pero que no llega exactamente a la atracción romántica.

 

¿Y si simplemente no quiero tener relaciones con nadie? ¿Si simplemente quiero estar sole? Pues ole tú. Porque, como ya decimos, lo que mejor te venga a ti es la clave, sea tener pareja(s) o no tenerla(s), sea tener relaciones sexuales o no tenerlas. Y chimpúm.

 

Marta Pita Dopico

Amores para todos los gustos