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Ser lesbiana es algo precioso y celebrable, nos gustan las mujeres y a veces en nuestro amor por ellas creemos que toda mujer a la que le gusten es también lesbiana. Asumimos rápidamente su sexualidad sin entender que haya más formas de sentirla y vivirla, pero no confundamos términos. Si me estoy refiriendo a una mujer a la que SOLO le atraen las mujeres, estoy hablando de una lesbiana. Si me estoy refiriendo a una mujer a la que le atraen las mujeres, pero no solo las mujeres, estoy hablando de una sáfica. Es decir, que todas las lesbianas son sáficas, pero no todas las sáficas son lesbianas (bisesuales esiten). Podríamos dibujar un diagrama de Venn con dos circulitos de lesbianas y bisexuales que se cruzan en el medio y, efectivamente, el trozo en el que ambos se superponen serían las sáficas.

¿Que por qué decimos esto? Porque nosotras solemos decir que nuestros libros están dirigidos a todas las sáficas, hablamos de literatura sáfica, de relaciones sáficas… Y creemos que no es lo mismo que decir literatura lésbica o relaciones lésbicas. Porque hay muchas bisexuales en relaciones con otras mujeres y eso no las hace lesbianas, eso no borra su orientación ni su atracción hacia hombres u otras personas. La bifobia en el colectivo lésbico existe desde siempre y es, por desgracia, una realidad incómoda y a menudo demasiado normalizada. No caigamos en ella al reivindicarnos como lesbianas.

¿Matices? Muchos y siempre. Utilizar grandes etiquetas para comprendernos y entender quiénes somos, sentirnos cómodes en nuestra identidad gracias a ellas, no implica convertirlas en un nuevo régimen de género y sexualidad a imitación de la cisheteronorma. Tampoco hay que ser policía de las identidades y encerrarnos en ellas (señalando y queriendo imponerlas a otres) como si no existiesen distintos tipos de lesbianas, de sáficas, de identidades queer y personas que no se sienten 100% dentro de una o de otra o que navegan en una identidad más indeterminada.

Por ejemplo, hay lesbianas nb que no son mujeres, pero siguen siendo lesbianas. Esto choca con la idea muy asumida socialmente de que una lesbiana es necesariamente una mujer, pero la realidad histórica indica que en la comunidad lésbica y sáfica siempre ha habido personas cuyo género era un poco más complicado que el del simple binarismo clásico. A fin de cuentas, la sexualidad y el género son dos caras del mismo sistema, las lesbianas transgreden las normas más tradicionales en el reparto del género donde se espera que la mujer encuentre un hombre con el que casarse, poder tener hijes y constituir una familia de la que el hombre será el principal proveedor, el sujeto central de la economía productiva. A una lesbiana no le interesan los hombres y, por tanto, se sale de este esquema. La teórica Monique Wittig consideraba por ello que las lesbianas no son mujeres. ¿Por qué? Porque la propia categoría “mujer” se habría construido en oposición al hombre y las lesbianas, al habitar el mundo desde otro lugar, estarían más allá de estas dos categorías.

Independientemente de las teorizaciones de feministas y académicas, lo cierto es que existen lesbianas que no se reconocen mujeres. En la comunidad butch siempre ha habido históricamente diversidades de género a este respecto, conviviendo las butches que se perciben a sí mismas como mujeres con las butches que se consideran más dentro de la identidad no binaria. No es nada nuevo (aunque a algunes se lo parezca), ya que a pesar de que antes no se conociese tanto la idea de personas nb, muchas butches experimentaban con otros pronombres o formas de referirse a sí mismes, incluso acudiendo a la hormonación para “masculinizar” su aspecto. Lesbianas transmasculinas, lesbianas butches, lesbianas nb… Tantas formas distintas de entender la identidad y la expresión de género que caben dentro de la palabra lesbiana.

También es habitual equiparar automáticamente el lesbianismo con la atracción sexual hacia mujeres. Pero la atracción (en cualquier tipo de relación) va mucho más allá de lo sexual y hay quien, de hecho, no experimenta este tipo de atracción o la experimenta bajo circunstancias muy específicas, pero sí experimenta la romántica, por ejemplo. ¿Se puede ser entonces lesbiana y asexual? En efecto. De hecho como la asexualidad es un espectro se me ocurren muchas otras configuraciones posibles como lesbiana. Si volvemos a la idea del diagrama de Venn podríamos decir que las mujeres homosexuales son lesbianas, pero no todas las lesbianas son mujeres homosexuales. ¿Se entiende?

Este mes, con motivo del Día Internacional de las Lesbianas, hemos querido celebrar la enorme diversidad que acoge la propia palabra lesbiana y poner en claro algunas ideas sobre la comunidad lésbica (y sáfica). Así, entre todas y todes, podemos construir una comunidad más bonita e inclusiva. ¡Que vivan las lesbianas!