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Miriam Beizana Vigo es autora de La herida de la literatura y del relato “A Raíña”, seleccionado en el I Premio de relatos Misteria.

 

 

Qué significa la literatura lésbica

 

Hace algunos días abrí un pequeño debate en mi perfil de Twitter. Lancé una pregunta a mis compañeras escritoras y a las lectoras. Algo así como si estaba obsoleto el concepto de ‘literatura lésbica’. Consciente de que se trataba de un tema mucho más profundo, y que mi pregunta era superflua (y un tanto estúpida, claro), dejé que la red social echara a volar.

Tal y como imaginaba, las opiniones que fui recibiendo oscilaban entre ciertos puntos claves que ya barajaba. Aun así, todo esto queda un poco dentro de cada una de nosotras: nuestras vivencias subjetivas, la identidad personal, lo cómodas que nos sentimos. Y más allá: nuestras convicciones, ambiciones y necesidades más íntimas.

Definirnos es algo muy complejo. No todas queremos hacerlo y no todas estamos preparadas para ello. Y no es necesario.

 

Definir para qué nos etiquetamos

Aquí hay un matiz muy importante a tener en cuenta: ¿somos escritoras de novela lésbica/bisexual o escribimos novela lésbica/bisexual? ¿Nos convierte en algo insólito, una extrañeza? ¿Nos cierra puertas? ¿Qué queremos decir exactamente con esto?

Irremediablemente, no existe una única respuesta para ello. Ya que todo tiene sus matices. Señalo: ¿la etiqueta es para la escritora o para la lectora?

Y esto es importante. Porque puede que ya sea obsoleto considerarse una escritora de novela lésbica/bisexual. Al final, estaríamos sugestionándonos y obligándonos a darle una importancia sobresaliente a la orientación sexual de nuestras protagonistas; no es algo que nos interese. Aunque, por otro lado, no podemos negar que dicha orientación puede tenerse en consideración dependiendo del escenario, tiempo y sociedad en el que la estemos ubicando. 

 

 

Para las lectoras ya es otro guiño. Un libro etiquetado con LBT+ nos puede ayudar a encontrar las inquietudes que buscamos. Sin embargo, hay una traba importante. En general, estas etiquetas están ligadas al género romántico y erótico, estigmatizando al resto de géneros a darle una relevancia innecesaria a dicha característica.

 

La fuerza de encontrarnos

Cada vez es más sencillo encontrar referentes donde quiera que sea. Y eso nos hace felices y, también, nos hace recordar a las niñas que éramos y que solo leíamos y veíamos una y otra vez las mismas historias heteronormativas. Hay un hueco que nunca se llenará, pero está claro que nuestro trabajo es que esa historia de soledad no se vuelva a repetir.

Recientemente, he apreciado que me encuentro con un importante número de novelas con representación LBT+ que carecen de etiqueta. Y es como una sorpresa, una alegría súbita. Como ejemplo, Los años oscuros de Eva Gallud (Editorial Dieciséis) o la célebre Panza de Burro de Andrea Abreu (Barret). Y no voy a evitar citar aquí Boulder o Permafrost de Eva Baltasar (Penguin Random House). Títulos que se cuelan en la discreción, que podían caer en manos de quien no desea leer sobre el lesbianismo o que puede tropezarse con algo nuevo.

Pero estas novelas intimistas con tintes románticos tienen el mismo formato y definición que Arreglándome la vida de Mirelle Nathalie y, sin embargo, esta última publicada bajo el sello de LES Editorial, sí que está categorizada como novela lésbica. ¿Qué permite esto? Que lectoras con ciertas inquietudes puedan asegurarse de que van a encontrarse sí o sí en la literatura que desean leer.

Entonces contrapongo una idea a la otra:

  • Tropezarse con sorpresa y colarse en los recovecos.
  • Avisarnos de que estamos ahí mismo. Sin sobresaltos.

 

 

Y vosotras, ¿qué buscáis?

Está claro que todo depende del lugar donde estemos. Nosotras que estamos aquí en este lugar seguro, que buscamos lecturas afines a nuestras ideas y pensamientos, no vamos a generarnos ningún conflicto interno. Sin embargo, y por muy triste que esto sea, esto no es algo que se extienda a todas las lectoras.

Firmemente, creo que lo que llamamos literatura LBT+ tiene un fuerte componente de visibilidad y compromiso con nosotras mismas. Y que, a mi modo de entender, es el que debe ser el principal motivo de etiquetarnos: demandar el espacio, romper el silencio y reclamar aquello de lo que tanto se nos ha privado.

 Miriam Beizana Vigo

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