El pasado 24 de noviembre tuvo lugar la presentación en Madrid de una de nuestras últimas novedades: Una de esas chicas, escrita por Inma Miralles. Para ello contamos con la periodista Clara Morales como presentadora, a quien queremos dar las gracias por su participación, así como también a Solo de Croquetas por acogernos tan bien. Y, sobre todo, a todas las personas que quisisteis acercaros a conocer un poquito más sobre el libro, la autora y llevaros un ejemplar firmado. La propia Inma Miralles ha escrito sus sensaciones sobre el encuentro. Aquí os las dejamos:

CRÓNICA “Una de esas chicas” EN MADRID

 

Yo solo quería que fuese una mañana tranquila. Tengo la extraña creencia de que si provoco que los acontecimientos exteriores tengan un ritmo pausado (tender lavadora, preparar equipaje, hacer desayuno), esa pausa se contagiará a mi interior, y flotaré en una especie de nirvana élfico donde los nervios permanecen mansos como la hierba en verano. Esa era mi intención la mañana del día en que presentábamos “Una de esas chicas”. Como proyecto, no estaba nada mal.

            Pero al abrir la nevera solo quedaba un café fresquito (como buena murciana, tomo café frío hasta en invierno) y, ya que era temprano y mi pareja aún estaba en plan bella durmiente, me lo bebí. Craso error. Profunda grieta cósmica en mi universo. Ragnarok. “¿Te has bebido el último café que quedaba?”, me dijo la bella durmiente en plan Maléfica, cuando por fin despertó. “Sí”, titubeé. ¡Vaya licencia por mi parte creerme con algún derecho, alguna prerrogativa sobre el último café de la nevera, el día que presento mi primer libro! Pues sí. Tremendamente airada, me abandonó a mi suerte y a la de mi esquivo equipaje (modelito sí, modelito no), para irse a desayunar al bar de abajo. ¡Me dejó sola eligiendo la ropa! Demasiado poder. Al cabo de 10 minutos me mandó un wasap: “Estoy con mi madre y tu madre tomando café abajo. Como no salgamos antes de las 11, ya sabes que tenemos cantinela”.

            Pero yo seguía intentando conservar mi espíritu zen.

            Por inverosímil que pueda sonar, íbamos las 4 en el coche: mi pareja, mi suegra, mi madre y yo. Nos faltaba el perro para ser una pandilla de Enid Blyton. “¿A qué hora es la presentación?”, preguntó mi suegra. “A las seis”. “¡Uy, pues vamos tardísimo!”. Guiño de mi pareja desde el retrovisor. “¿Dónde están mis cascos?”, pregunté. “Anda, dale conversación a tu madre, que se aburre”. Pero mi madre estaba leyendo información sobre templos antiguos en la Wikipedia y ni se inmutó. Bueno, sí, me sonrió y siguió leyendo. Mi pareja y mi suegra, en cambio, estaban de cháchara irrefrenable en la parte delantera del coche. Mi madre y yo, en un silencio bucólico en la de detrás. Parecíamos los dos destinos posibles en una historia de “elige tu propia aventura”.

            “Me hago pipí. Vamos a parar a comer”. Pero solo era la 1 y no les gustaba el sitio que proponía. Igualmente, yo me hacía pipí. “Para en esta gasolinera”, insistí. Mi suegra dijo que esa gasolinera era un horror y que más adelante había una preciosa que fulguraba bajo el sol otoñal. Lo mismo para el sitio donde comer: el que yo decía era feo, más adelante uno exquisito. Total, para un bocata de chorizo. Nadie se puso de mi parte. Mi pareja conducía alegremente. Mi madre seguía con la Wikipedia.

            Y luego: “Pon la lista de spoty que me gusta”. Mi pareja obedeció. ¡Milagro!. “¿Qué música es?”, preguntó mi suegra. “Versiones acústicas de Cramberries”. Más adelante me enteré de que lo había preguntado porque todas querían cortarse las venas menos yo. “¿Podéis quitar esto?”, comentó mi madre, como si tal cosa. “Es que tengo el altavoz al lado”. ¡Pero bueno! ¡Quitar la música, lo único que estaba consiguiendo mantener mis crecientes nervios a raya, junto con la visión de los campos de Castilla! Pues la quitaron. Aquello ya era demasiado. Entre el episodio del café frío, el de la gasolinera y el de la música, todas estaban en más modo drama queen que yo. ¡En mi día, el día de la presentación de mi libro! Decidí decírselo. “Oye, os estoy viendo a todas muy sueltas a la hora de exponer vuestras necesidades, cuando hoy es mi día y debería hacerse todo el tiempo lo que yo diga”. Un momento de silencio. Carcajadas. Me pregunto qué imagen proyecto al exterior. Estaba hablando completamente en serio.

            Pese a los vaticinios de mi suegra, no llegamos tarde a Madrid: a las 4 ya estábamos en el airbnb. La que no estaba era mi hermana, quien supuestamente iba a venir a maquillarme para la ocasión. El otro coche de la caravana aun no había llegado. “Jo, no nos da tiempo a los trucos”, le escribí. “Es que éstos son unos pesados”, respondió. Éstos= papá, hermano, cuñado. Menos mal que yo llevaba la mochila llena de sumial. Por fin pasaron a recogernos y nos fuimos para el “Solo de croquetas”, donde se celebraría la presentación. “Venga, tú marcas el paso”, me dijo mi padre, tomándome del brazo. Yo lo marcaba, pero cuando quisimos darnos cuenta el resto estaba medio kilómetro por detrás. Y todo esto por la plaza de Jacinto Benavente, donde si pierdes a alguien de vista es posible que no lo vuelvas a ver nunca. Me sentía igual que en mi boda, cuando veía las caras de la gente alegres y relajadas, bebiendo quintos de cerveza y comiendo exquisiteces, mientras yo tenía que ir más tiesa que una estaca saludando formalmente a los invitados. Muerta de hambre y de sed.

            Pero cuando llegamos al “Solo de croquetas” todo empezó a cambiar: la gente era amabilísima y el espacio una maravilla. Una sala con luz cálida y mesas largas de madera, rodeadas de taburetes. Empecé a ver muchas caras conocidas entre algunas desconocidas y llovieron abrazos reconfortantes por doquier. La sincera emoción de personas muy queridas para mí. Mi hermano sin despegarse de mi lado, preguntando “¿Qué necesitas?”. Luego Thais me puso una caja de libros entre los brazos, para que soltara la tensión. Luego empecé a hablar con Clara, con un feelingque terminó de vaciarme los nervios. Así que me dije, “¿Qué demonios?”. Que comience el espectáculo.

            Y, según dicen, lo bordé.

*Anexo: si queréis saber de qué hablamos Clara y yo, echad un vistazo a esta entrevista (también la podéis leer en la web de LES Editorial) basada en el contenido de la presentación. ¡Gracias por todo!

 

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