El pasado 23 de mayo se presentó Una de esas chicas, de Inma Miralles, en la librería Colette Letras y Tragos de Murcia. La asociación Ni Peras ni Manzanas moderó el encuentro en el que participaron la autora del libro y la editora de LES.

CRÓNICA: PRESENTACIÓN DE UNA DE ESAS CHICAS EN MURCIA, POR INMA MIRALLES

El pasado jueves celebramos la presentación de Una de esas chicas en Murcia. Para mí se trataba de un evento muy esperado, especialmente emotivo, ya que es la ciudad donde nací: presentar allí mi novela revestía una especie de cariz místico, como el relato de un sueño que se cierra allí donde se abrió. Y no podíamos haber elegido un lugar mejor: la librería “Colette” tiene el toque genuino de los proyectos personales, de las librerías de autor (o de autora). Un lugar de evocación cosmopolita que no desentonaría en el Barrio de las Letras de Madrid o en las Ramblas de Barcelona. Entre sus estanterías se pueden encontrar desde clásicos del feminismo hasta las ediciones más recientes del panorama editorial indie. Además, te puedes tomar tranquilamente un vinito mientras eliges tu próxima lectura. Eso fue lo que hicieron lxs asistentes a la presentación de Una de esas chicas: disfrutar de una buena copita de vino mientras atendían al coloquio que improvisamos Bárbara (editora de LES Editorial), Puri (representante del colectivo murciano de mujeres Lesbianas y Bisexuales “Ni peras ni manzanas”) y una servidora. Entretejimos una conversación espontánea, especialmente nutrida de temas candentes en nuestra actualidad, como la urgencia de la representación LGTBI en la ficción o lo necesarios que todavía siguen siendo colectivos como el que representaba Puri: no nos resultó difícil unir estas problemáticas con algunos hilos argumentales de la novela, así que he decido resaltar esos aspectos de nuestra charla que, a mi juicio, dejaron mayor impronta entre lxs asistentes y entre nosotras mismas.

Una de esas chicas es la historia de una mujer joven que, a lo largo de un viaje, va descubriendo quién es, su identidad: un “yo” que se revela muy distinto del que ella siempre había creído. Esto me hizo pensar (o profundizar todavía más) en lo extraño que resulta, a fin de cuentas, alcanzar una edad cercana a la madurez sin tener claro quiénes somos. ¿Qué factores nos disuaden de alcanzar nuestro verdadero “yo”? ¿Por qué (todavía) no puede resultar fácil, espontáneo, diáfano, aceptar que la identidad de una no es normativa y ya está? Obviamente, las respuestas son múltiples y sería una proeza analizarlas todas. Pero una de las que cobran mayor importancia en la novela es el sentimiento de exclusión, de soledad, que en muchos casos todavía sigue implicando aceptar el “ser” no normativo. Entre otras cosas porque no vivimos en una sociedad, en una cultura, que facilite empatizar con la disidencia, ya sea política, económica, sexual o de cualquier otra índole. Así que la protagonista de Una de esas chicas tiene miedo de afrontar su realidad porque siente que no va a ser comprendida. Para abordar este debate acerca de lo difícil que resulta reconciliar lo percibido como mayoritario (por ejemplo, una identidad normativa) con lo percibido como minoritario (por ejemplo, una identidad disidente) nada mejor que recurrir a una breve muestra de teoría feminista.

Virginia Woolf criticó Jane Eyre (el clásico de Charlotte Bronte) por lo difícil que, a su juicio, iba a ser que el público mayoritario empatizara con una mujer joven y enamorada, que percibiera su problemática como “de todos”. Escribió:

“Los inconvenientes de ser Jane Eyre no hay que buscarlos muy lejos. Ser siempre institutriz y estar siempre enamorada es una grave limitación en un mundo que, a fin de cuentas, está lleno de gente que no es lo uno ni siente lo otro (…).”

Esta crítica de Woolf cayó, evidentemente sin pretenderlo (hasta las más grandes cometen deslices), en una de las grandes trampas patriarcales que adulteran la ficción: la de confundir lo masculino con lo universal (lo trascendente, lo humano) y lo femenino con lo particular (lo que solo puede interesar a las mujeres). Otra grande del feminismo, Adrienne Rich, contestó estas afirmaciones:

“(…) El tema de Jane Eyre es una exploración de cómo una mujer accede a la madurez en el mundo de juventud de la autora. Por mi parte, apuntaría que una novela sobre <<cómo un hombre accede a la madurez en el mundo de juventud del autor>> -“Retrato del artista adolescente”, por ejemplo- no se menospreciaría por su corto alcance o, en palabras de Woolf, por falta de percepción de los <<problemas humanos>>.”

Es aquí donde la dificultad de la protagonista de Una de esas chicas a la hora de aceptar su “problemática” se explica. Sobre todo, porque este mecanismo sesgado de interpretar la ficción es perfectamente extrapolable a la realidad: los problemas normativos son percibidos como universales, y para solventarlos legislan los legisladores, escriben los escritores, y los políticos orientan hacia ellos sus propuestas. En cambio, las problemáticas que conciernen a los sujetos subalternos (personas LGTBI, personas racializadas) son percibidos como temas menores, de menor categoría y de relevancia cuestionable. La protagonista percibe este agravio comparativo, intuye la dificultad: dificultad con la que todavía siguen topando muchas personas no normativas, y que precisamente proyectos como el del colectivo “Ni peras ni manzanas” tratan de matizar: acogiendo, acompañando, promoviendo la cultura LGTBI.

En el ámbito de la literatura generalista, lo que sucede con las historias LGTBI sigue una dinámica muy parecida a la denunciada por Rich acerca de las dificultades de identificarse con una “mujer joven y enamorada”. Si sustituimos el “ser Jane Eyre” por el “ser LGTBI” en las afirmaciones de Woolf, resultará un enunciado que probablemente nos sonará mucho:

“En la ficción (tanto como en la realidad) los inconvenientes de ser LGTBI no hay que buscarlos muy lejos. Ser LGTBI es una grave limitación en un mundo que, a fin de cuentas, está lleno de gente que no lo es ni comparte esos sentimientos.”

Así pues, a menudo se critican las historias con protagonistas no normativos por su “corto alcance” o, lo que es lo mismo, por no ser “universales”. Esto es lo que proyectos como el de LES editorial tratan de combatir: que la percepción generalista pase de entender la existencia de los personajes LGTBI como algo instrumental, marcado por lo antinormativo, para entenderlo como algo en lo que caben multiplicidad de roles y problemáticas, exactamente igual que sucede con los personajes cis-heterosexuales. Para que la cuestión pase de ser esa presunta “falta de alcance universal”, a tratarse simplemente de si prefieres una historia de ciencia ficción o una de misterio.

No somos tan ingenuas como para pensar que este proceso, todo este cambio que intentamos operar tanto en la realidad como en la ficción, será fácil: se trata de una transformación cultural en el sentido más amplio y, mientras estemos en el camino, seguiremos necesitando apoyo y compañía. Para que, sea cual sea nuestra identidad, finalmente nos podamos sentir incluidas en ese gran abanico que no agota, si no que expande, las posibilidades de la diversidad humana.

>>Vídeo de la presentación

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