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Sarkus es una de las autoras de la antología poética Emocionario.

 

Cómo escribir y entender poesía, si no tienes ni… idea

 

Hace unos días hablaba con una amiga profesora de lengua sobre literatura, y entre los temas que mencionamos apareció la poesía. La conversación se puso complicada en el momento en el que nos preguntamos qué era poesía. Fue curioso, porque siempre había tenido bastante claro lo que era, pero mi amiga le dio una vuelta que me rompió los esquemas. Me dijo que no solo en la poesía se transmitían los sentimientos del autor. Y tenía razón.

Así que eso me llevó a preguntarme qué era entonces la poesía, y por qué lo que yo hago es considerado poesía por mucha gente. ¿La respuesta? Sigo sin saberlo, pero una cosa está clara, y es que hay gente que cree que lo es, y por ese motivo siempre escucharé algún “yo es que la poesía… no la entiendo”. Eso, sinceramente, me preocupa bastante más que saber si lo que hago es poesía o no. Así que aquí estoy hoy, para ayudaros un poco a entenderla. Y la mejor manera, al menos para mí, es empezando por saber cómo escribirla.

Cuando me hago esta pregunta siempre me respondo “pues depende de la persona”. Lo lógico, ¿no? Así que, como os podéis esperar, os voy a explicar cómo lo hago yo, o al menos cómo procedo con esta cosa que hago que dicen que es poesía. Esto no solo os ayudará (espero) a entenderla un poco más en general, sino que os dará herramientas a la hora de escribirla. Oye, a lo mejor os da por ahí, nunca se sabe.

 

Buscando la inspiración

Lo primero que os voy a decir al respecto es que soy UN AUTÉNTICO CAOS. En serio, no tengo un procedimiento concreto, ni un lugar en el que me siente a escribir. Nada. Escribo cuando me nace y casi en cualquier circunstancia, en una libreta, en trozos de papel roto, en servilletas, en notas del móvil… Muchas veces, de hecho, se me vienen ideas cuando estoy medio dormida. Imaginaos la pereza que supone salir de la cama para escribir. Terrible, lo que hace una por la poesía. A pesar de ello, sí que hay algunos patrones que suelo repetir porque me funcionan, y esos son los que os voy a enseñar.

Lo primordial, desde mi punto de vista, es la inspiración. Con esto no hablo de las musas ni de algo etéreo o pretencioso, no, me refiero a de dónde se pueden sacar ideas para escribir y sobre qué temas hacerlo. Os voy a contar un secreto: la inspiración está, literalmente, en todas partes. Hace tiempo un personaje de una novela, una de estas de por la tarde, dijo que pintaba sobre la verdad y la belleza. Esa frase me dio una torta en la cara que no vi venir, porque no se equivocaba. Todas las personas que se dedican a lo artístico se basan en esos dos principios, aunque luego puedan representarlos de maneras muy distintas, y ambos pueden encontrarse en todo. A fin de cuentas, el mundo en el que vivimos es nuestra verdad, y la belleza puede ser muy distinta según la persona.

En mi caso, he conseguido encontrar ambas en cosas muy dispares, que me han dado temas, versos, o cualquier minucia que me fuese útil para escribir. He gastado bolis a partir de fotografías, canciones, de mirar al cielo, a la gente mientras paseaba, paisajes… Y, obviamente, de dramas personales. Esa siempre es una buena fuente de inspiración. Se pueden sacar ideas incluso de aquello que consideramos “feo”, como la muerte, por ejemplo. Jorge Manrique convirtió el dolor de la muerte que sintió por su padre en poemas preciosos sobre la fragilidad y fugacidad de la vida, y Emily Dickinson escribió poemas en los que guardaba una estrecha relación con la muerte, y no para mal, precisamente.

Una cosa que sí os recomiendo es leer, leer mucho. Lo que sea, si es poesía mejor, claro. Si no, lo que os guste o tengáis a mano. Es algo que ayuda muchísimo en la adquisición de vocabulario, a comprender y elaborar metáforas y expresiones no cotidianas, y además los textos que leáis pueden serviros, a la vez, de inspiración. Sin ir más lejos, uno de mis últimos poemas es una reinterpretación de la letra de una canción. También os sugiero informaros un poco sobre poetas de distintos estilos y épocas, leer un poco sobre sus vidas, porque parece que no, pero ayuda mucho a entender lo que escriben. El contexto es MUY importante para acercarse a lo que de verdad se quería transmitir en un poema (aunque luego vosotres interpretéis lo que os dé la gana, que eso es lo bonito de la poesía). En ese sentido he descubierto que, por lo general, la poesía escrita por mujeres me resulta más atractiva, y eso ha hecho que influya más en mi forma de escribir. Y si son mujeres del siglo XIX ya ni hablamos…

Pero no os engañéis, con esto no os digo que os tengáis que sentar a leer a Atwood hasta que se os caigan los ojos o que tengáis que analizar sus poemas técnicamente, qué va. Si os digo esto es porque de les demás siempre se pueden tomar pinceladas que sean útiles para une misme, pero para poder hacerlo debemos conocerles, aunque sea un mínimo. Y en realidad, separar la parte sentimental de la técnica en un poema es relativamente fácil. Como ya hemos dicho alguna vez por estos lares, no hace falta que lo entiendas, basta con sentirlo.

 

 

 

Y ahora, a escribir un poema

Cuando tengáis un tema sobre la que escribir (os prometo que es bastante menos tedioso que leer estas movidas que estoy escribiendo) queda lo obvio: escribir el poema. Yo suelo hacerlo de dos formas, una es lo que yo llamaría “el poema me ha dado una guantá en la cara”, y la otra escribirla con un mínimo de organización.

El primer caso es el típico en el que de la nada te llega algo a la cabeza que tienes que plasmar en papel antes de que se te olvide. A mí se me suelen venir frases cortas o acciones que habitualmente funcionan como primer verso, y todos los demás salen del tirón. Estos poemas no suelo ni repasarlos, porque salen bien a la primera y me gustan tal y como están. De este tipo también son los que llamo “poemas improvisados”, que son aquellos que me obligo a escribir a modo de práctica. Busco un tema aleatorio o pido palabras y con ello escribo lo primero que me pase por la cabeza. Es un buen ejercicio mental, la verdad.

El segundo caso es el difícil, porque en este hay que pensar las cosas. Como dije antes, soy un caos, pero a la hora de gestionar todo en mi cabeza soy bastante ordenada. Ventajas de ser virgo, dicen. Y ese orden mental consiste en, tras tener el tema del poema, pensar en si quiero que sea prosa o verso, y luego seguir una serie de normas que yo misme he desarrollado con el tiempo y la práctica.

En lo referente a usar prosa o verso, he de decir que siempre he escrito en verso. Lo de la prosa se me hace bastante bola y la empleo para expresar ciertas reflexiones, pero nunca desde un punto de vista poético. Eso se lo dejo a otres con gran talento para ello. Y dentro de todas las posibilidades que me ofrece el verso, la mayoría de mis poemas son de verso libre, pero teniendo en cuenta la métrica. No la hago 100% exacta, pero sí busco que haya un mínimo de ritmo, por lo que leo cada verso una y otra vez hasta que quedo convencide de que el poema tiene la musicalidad apropiada según mi criterio.

 

Mis tres directrices para escribir

Esto último enlaza con el siguiente paso de mi orden, las normas que uso para escribir. No son demasiadas ni demasiado complejas tampoco. Son simplemente directrices que uso de forma más o menos consciente.

Una de ellas, como ya dije, es que los poemas tengan musicalidad, siempre. Y si no la tienen es porque he escogido aposta que no la tengan, para transmitir mediante el propio texto cierta intencionalidad.

Otra es utilizar lenguaje cotidiano, sin palabras demasiado “raras” o que se suelan utilizar poco. Mi intención es que todo el mundo pueda leer mi poesía sin tener que llevar un diccionario a cuestas, que su nivel cultural, por decirlo de alguna manera, no sea un impedimento. Al fin y al cabo, lo importante es ser capaz de leerlo para poder interpretarlo según tu experiencia vital. Por eso, y he aquí otra de mis normas, uso metáforas que no sean complejas. Creo que tampoco utilizo muchas, pero si las necesito intento que sean fácilmente comprensibles y accesibles a todo el mundo.

La última sería no usar palabras malsonantes o demasiado ñoñas, porque es ir a lo fácil y puede resultar demasiado cargante. Incluir de vez en cuando un “joder” en un texto puede estar bien para enfatizar, por ejemplo, pero hacerlo de forma continuada lo vuelve soez. Ocurre algo parecido con las palabras ñoñas. Utilizar “amor” o “corazón” en algún momento puede ayudar a expresar ciertas emociones, pero repetirlas hasta la saciedad vuelve el poema cansino y tremendamente pasteloso.

En definitiva, y para resumir un poco este tostón, lo importante para poder escribir un poema es tener una idea, pero, sobre todo, expresarla como la sientas, con tus propias palabras. Porque nos centramos mucho en los aspectos técnicos, en el esnobismo literario, pero no tenemos en cuenta algo muy muy importante en la poesía: da igual lo que les autores quieran transmitir, porque puedes entender e interpretar lo que quieras. La poesía son sentimientos a flor de piel.

 

Sarkus

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