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Ros Serra es la autora de Girl. Girl. Girl., una novela fresca y dinámica que cuanta más de lo que parece a simple vista. La agilidad de sus diálogos es uno de sus muchos atractivos.

6 trucos para escribir diálogos frescos

 

Una de mis partes favoritas a la hora de escribir es la redacción de las conversaciones. Cuando estoy leyendo una historia, me gusta ver cómo son los personajes a través de sus palabras. Se puede saber mucho de ellos viendo cómo se expresan a la hora de hablar.

Como escritoras, creo que el diálogo es una herramienta muy útil a la hora de mostrar una parte de la personalidad de los personajes, pero hay que saber cómo utilizarla. Si nos excedemos o nos perdemos en los detalles, podemos crear un mar de diálogo demasiado complejo de seguir. Quizá nuestra intención sea crear una escena intensa y preciosa y terminamos creando una conversación tediosa, poco realista o complicada para quien la lea.

No me considero una experta, pero es verdad que a la hora de redactar conversaciones tengo una cierta facilidad. Por ello, os traigo unos truquillos para hacer diálogos frescos:

 

  1. Escucha conversaciones ajenas

Esto puede sonar muy extraño, pero funciona. No sirve mantener conversaciones u observar diálogos de películas o series, no. Pega la oreja a la pared y escucha a tus vecinos, concéntrate en la conversación que están teniendo los de la mesa de al lado de la cafetería y atiende a la charla que mantienen los de la sombrilla que hay frente a ti en la playa.

No importa el contenido, sino las intenciones, expresiones y emociones que transmiten. No estás cotilleando: estás haciendo un trabajo de investigación.

 

 

  1. Expláyate sobre la hoja

Imagina la conversación entre los personajes de principio a fin y escríbela según te lo vayas figurando. No te cortes, si en tu cabeza el personaje A dice «oh», en el papel pones «oh». Aunque sea un diálogo de tres páginas y media, ¡eres libre de llevar la conversación por donde quieras!

 

  1. Los personajes son…

Debemos tener en cuenta ciertos factores de nuestros personajes a la hora de darles voz: ¿son humanos? ¿Qué edad tienen? ¿Dónde y cómo se han criado? ¿Son extrovertidos o introvertidos? ¿Calmados o enérgicos? Y un largo etcétera de preguntas que nos debemos hacer.

No podemos dejar que una señora de noventa años diga: «¿Qué pasa, tron?».

 

  1. ¡Cuidado con las frases de película!

Hay frases preciosas, que transmiten unas emociones únicas y que nos llegan al corazón. Sin embargo, hay que tener cuidado con ellas.

Puede que en medio de una conversación informal no vengan a cuento o que una persona, como tú o como yo, jamás vaya a decir en la vida algo tan elaborado y bonito. Hay que buscar el momento adecuado en la narración para que esa frase suceda: quizás una carta, una conversación intensa o en el instante clave.

No digo que no se escriban, solo que debemos tener cuidado del cómo, dónde y por qué.

 

 

  1. Pasemos las tijeras por el diálogo

Cuando revisemos nuestro diálogo, ese tan explayado en el que hemos tenido en cuenta la naturaleza de los personajes y las frases tienen mucho sentido, debemos recortar y quedarnos con lo importante.

Ese «oh» que ha pronunciado el personaje A antes, fuera. Todo lo que no aporte nada a la trama se debe ir. Ponte a borrar como si no hubiera un mañana y sin miedo. Nadie quiere leer una conversación de cinco páginas. Siempre puedes quedarte con ese cachito para ti.

Diré algo un poco fuera de tema que considero oportuno e importante: debes escribir para ti. Redacta como si solo tú fueras a leerlo y, después, en base a ese manuscrito, adáptalo al público. Quédate con lo que has escrito para ti. Puede que lo necesites luego o hazlo simplemente por gusto. Y, sobre todo, debe gustarte y enamorarte lo que escribas. Dicho esto, vuelvo al tema.

 

  1. ¡Vívelo!

Una vez que tengamos el diálogo corregido, debemos leerlo en voz alta y vivirlo. Lo puedes hacer en voz baja, no pasa nada. El punto es que al leerlo en alto sabremos si hemos conseguido esa naturalidad que buscábamos. Si se nos atraganta en algún momento, hay que revisarlo otra vez.

Es un ejercicio para ponerse en la piel del personaje y ver si nos encaja su naturaleza con sus palabras.

 

Esos truquitos son los que utilizo yo para crear conversaciones frescas y naturales. ¡Espero que te sirvan en un futuro!

¿Tienes tú algún truco para darle un toque de realismo a los diálogos?

 

Ros Serra

 

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