Tiempo de lectura: 4 minutos

IA esto, IA aquello, IA aquí e IA allá. La IA (generativa) parece estar en todos lados aunque aparentemente no mucha gente la esté pidiendo. En demasiadas ocasiones ni siquiera es elección y las industrias tecnológicas de diverso tipo nos las meten sí o sí en distintas aplicaciones y servicios porque parece que es lo que toca promocionar, independientemente de las preferencias de sus usuaries. El bombardeo es tal que muchísimas personas las han abrazado ya acríticamente incluso en los sectores culturales y sus promotores defienden que es solo una “herramienta más” que viene a ahorrarnos trabajo.

En LES Editorial nos pareció importante en su día posicionarnos contra su uso, ya no solo por un tema de valores personales por sus consecuencias nocivas para el medioambiente y las condiciones de trabajo de muchos sectores, sino también por mero sentido común. Es decir, si sacar adelante una editorial independiente ya es complicado porque la industria del libro es la que es, sería pegarnos un tiro en el pie contribuir más a su precarización y devaluación con el uso de IAs generativas. Por un lado, porque creemos que el arte y la cultura tienen un valor, nace de personas que ponen su tiempo, trabajo y creatividad en ello, merecen recibir el fruto de su trabajo y poder vivir dignamente. Por otro lado, este valor implica que nos interesan los pensamientos y sentimientos que hay detrás, el proceso humano, no algo que puede ser reducido a un algoritmo de probabilidad y deshumanizarse todavía más.

Por todo ello hace un tiempo decidimos incluir en nuestros contratos cláusulas para asegurarnos de que los libros que publicamos no han sido elaborados mediante Inteligencia Artificial, tanto en el texto como en el trabajo de ilustración. Este compromiso no es algo que afecte solamente a autoras e ilustradoras, sino también a la editora en su responsabilidad por proteger este trabajo y prohibir que nuestros libros estén a disposición de las IAs. Y esto es algo que se recoge públicamente en el aviso legal de nuestra web, por cierto, a pesar de que actualmente nos encontramos en un limbo y una problemática ante la desprotección legal que sufrimos frente a la emergencia de la IA.

En Europa los derechos de autor están protegidos de forma que el uso de cualquier obra por terceros requiere siempre una autorización expresa o el establecimiento de licencias que lo regulen. Sin embargo, el vacío legal que ha abierto la IA implica que en la práctica las empresas están utilizando cualquier material de terceros para entrenar sus sistemas de Inteligencia Artificial, aprovechándose de todo lo que puedan encontrar disponible en internet. Cualquier persona, pequeñe auter, artista, creader, escriter o simple usuarie puede ver robada su obra o sus datos sin compensación económica o retribución alguna para el desarrollo de IAs por parte de compañías gigantes que sí se van a ver beneficiadas por ello. Sin pedir permiso. Sin pagar ningún componente de derechos. De hecho, a lo mejor has leído la noticia de que META (la gran corporación tecnológica de Mark Zuckerberg) utilizó los datos disponibles en archivos pirata de internet para entrenar a su IA. Sabemos que ese ha sido el caso con nuestros libros. Así que sí, la literatura sáfica publicada por LES ha servido para llenar más los bolsillos de Mark Zuckerberg, sin haber recibido ni un euro a cambio. ¿No es maravilloso?

Lo cierto es que, a la espera de que se establezca algún marco legal, la situación es de desamparo. Los desarrolladores de IA pueden hacer y deshacer a su antojo, ya que la ley IA de la Unión Europea aprobada en 2024 no parece establecer demasiados mecanismos de protección, sino servir de simple guía o código de conducta que no obliga a dichas empresas a respetar la propiedad intelectual para el entrenamiento de sus IAs. Y esto solo hablando desde una mera perspectiva jurídica, claro, ni siquiera hemos entrado a valorar la devaluación del trabajo de traducteres, escriteres, ilustraderes, correcteres, editeres… si el uso de IAs se convierte en práctica común con la que sustituir su labor creadora y creativa.

¿Y qué hacemos ante esto? Hay mucha gente que ha asumido la máxima de “si no puedes contra el enemigo, únete a ellos” bajo el supuesto de que, nos guste o no, la IA está aquí para quedarse y no podemos luchar contra ella. No sabemos si esto es cierto o no, lo que sí sabemos es que siempre es triste comprobar el poco valor que se le da a la cultura en esta sociedad capitalista. Cómo cualquier supuesto avance tecnológico no es más que un instrumento al servicio de los poderosos para empeorar las condiciones de vida y trabajo de las personas, bajo la excusa de un progreso que solo ven unos pocos.

No nos sorprende ver a los grandes monopolios editoriales implantar e impulsar modelos de Inteligencia Artificial para ahorrarse pagar salarios a profesionales del sector, porque a fin de cuentas a une empresarie de este estilo lo que le va a interesar es maximizar beneficios. Sin importar cuál sea el resultado. Sin importar el gasto energético inasumible que suponen para un planeta en pleno colapso climático. Sí nos sorprende un poco más ver a pequeñas editoriales o escriteres autoeditades recurriendo a ellas, más que nada porque la situación de la industria ya es en sí precaria y difícil de navegar como para añadir más leña al fuego, pero no nos corresponde hacer una crítica. Lo que sí que deberíamos preguntarnos es ¿qué tipo de sector editorial queremos tener? ¿qué entorno cultural contribuimos a crear con el uso acrítico y masivo de IAs generativas si es que nos preocupa algo la cultura y el arte? En LES solo queremos hacer libros. Igual que la gente a la que le gustan solo quiere escribirlos y/o leerlos. Y no que lo haga una IA.