¿Por qué hay tantas lesbianas a las que todavía les cuesta usar la palabra ‘lesbiana’? Como si fuese algo sucio o vergonzoso. Si te pasa que sepas que no estás sola. A fin de cuentas hasta hace no tanto la palabra ‘lesbiana’ se utilizaba socialmente con un matiz muy negativo y no fue hasta que la propia comunidad empezó a usarla más y reivindicarla como identidad que tomó otros derroteros. En el ámbito anglosajón incluso se suele usar la más normalizada gay un poco para todo, otra palabra que también ha tenido su historia de cambios y reapropiaciones.
Porque el lenguaje tiene un impacto en el mundo que nos rodea, a través de él nos expresamos y reflejamos la realidad. El colectivo LGBT+ ha recibido todo tipo de improperios, descalificaciones y connotaciones negativas asociadas a las palabras que los demás elegían usar con nosotres. La reapropiación de muchas de ellas ha sido un arma habitual en nuestra historia. ¿Que me llamas maricón de manera despectiva? Pues claro que sí, maricones que somos y a mucha honra. ¿Que dices con asco que soy una bollera? Pues bollerísima y orgullosa. Las usamos entre nosotres, las resignificamos y las desactivamos. A veces esto lleva a que personas que no pertenecen al colectivo las empleen sin conciencia alguna (incluso si no es con una intención negativa) y sin entender que no es lo mismo que entre bolleras nos llamemos bolleras a que lo haga una persona cishetero. Porque la carga emocional e histórica es distinta, porque la recibimos como insulto o como desprecio, porque nunca se sabe qué hay detrás de ello y puede hacer mucho daño. Es importante recordarlo.
Y es que, de una y otra manera, el lenguaje evoluciona. Si hoy en día usamos ‘queer’ como un término prácticamente paraguas para el colectivo es porque, efectivamente, nos lo reapropiamos. Para muchas personas LGBTI+, especialmente de generaciones más mayores, sigue siendo un insulto porque es así como crecieron y se sienten incómodas utilizándolo. Entender estas diferencias en el uso del lenguaje también es crucial. Por ejemplo, en la actualidad entendemos que la palabra transexual no es la más idónea y desde el colectivo trans se insiste en que lo adecuado es usar transgénero o la más sencilla e incluyente trans. Sin embargo, eso no quiere decir que no haya personas trans que consideren que la etiqueta transexual es más adecuada para sí mismas, porque las vivencias personales son eso: personales y respetables, aunque a nivel macrosocial sea diferente.
Hay quien no entiende que el lenguaje sea tan importante y se nos acusa a menudo de convertirlo en una especie de “caballo de batalla” del colectivo en lugar de centrarnos en otras cosas “más importantes”. Como si las luchas fuesen excluyentes o no todo formase parte de una misma lucha contra la LGBTIfobia. La forma en la que hablas modula la forma en que piensas y viceversa, refleja tus preocupaciones y tus ideas, a nivel colectivo conecta a las personas y construye imaginarios. ¿Por qué no querríamos tener un lenguaje más amable y aprender les unes de les otres a no ser intolerantes y dañines con las palabras? Por algo en LES defendemos el lenguaje no binario, nos parece de cajón, porque las personas no binarias existen y, para que algo exista, hay que nombrarlo.
Es verdad que nadie nace aprendide y por desconocimiento se puede meter la pata. Lo más importante es estar abierte al cambio, corregirse y contribuir en ir mejorando y erradicando la LGBTIfobia en el lenguaje. Por ejemplo, ¿a que te suena mal o no del todo bien decir “una trans” o “unos gays”? La cosa cambia cuando dices una persona trans, un hombre gay… ¿Por qué? Porque nuestra orientación sexual y nuestra identidad de género no son todo lo que somos, sino un simple aspecto más que nos puede describir entre otros muchísimos aspectos. Esta forma de hablar, en realidad, se empezó a reivindicar desde grupos de personas con discapacidades y es lo que se llama “people-first lenguage” o lenguaje de la persona en primer término. La idea es que, por ejemplo, en lugar de referirnos a “los sordos” digamos personas sordas o personas con sordera. El objetivo es evitar la deshumanización en la que se puede caer con determinadas formas de expresión, algo que se puede aplicar a muchos grupos de personas marginalizadas.
En realidad esto no pretende ser una lista de recomendaciones ni mucho menos. Pero en mayo se celebra el Día contra la LGBTIfobia y, como editorial que somos, nos parece relevante reflexionar sobre el material con el que trabajamos: el lenguaje, las palabras. Responsabilicémonos de ellas.
