¡Buenas! Soy Ros Serra, autora en LES Editorial y hoy vengo a hablaros de algo muy importante: la heterosexualidad obligada.

¿Qué es la heterosexualidad obligada? Es, como todo, una creencia social que asume que todo el mundo es hetero. Afecta de cara completa al colectivo LGTB y os voy a exponer el porqué, el cómo y mi experiencia personal, buscando evitar que pase en futuras generaciones. Empiezo aquí:

Cuando nacemos, la persona que nos saca del confort uterino dice: “¡es una nena!” o “¡es un nene!”, en base a lo que tengamos entre las piernas. Muchas veces, esta persona se equivoca, ahora después toco ese tema. El caso es que nos saca y nos impone un género, lo que hace que se nos condicione de una manera sin que nosotras mismas siquiera sepamos quiénes somos.

Sé a ciencia cierta que no soy la única en el mundo a la que con menos de cinco años le han preguntado: “¿tienes novio?” o “¿te gusta algún nene del cole?”, incluso gente que no conocía de nada. Es una completa absurdez preguntarle a una criatura tan pequeña que si le gusta alguien o tiene novio, ¿en qué cabeza cabe? ¿Qué respuesta se esperan conseguir con esas preguntas? A mí me creó dudas, me hizo pensar que tenía que echarme novio sí o sí en párvulos. ¡Es una locura!

Entonces creces más y vas a primaria donde te preguntan tres cuartos de lo mismo y cuando le dices a tu abuelo “yayo, yo es que me voy a casar con Pepita”, te mira riendo y dice “qué buenas amigas”. Me cuestiono ahora qué habría pasado si le llego a decir con ocho años que me iba a casar con Pepito y no con Pepita.

En la adolescencia viene lo peor, porque ahora no te preguntan si tienes novio, no, te dicen que si lo tienes que se lo presentes. Tu tío, tu padre, tu abuelo, tu hermano mayor, el amigo raro de tus padres al que ves una vez cada tres años… Todos ellos te dicen “preséntamelo, que le voy a decir un par de cosas”. Esto, además de ser tremendamente misógino, es una completa gilipollez. Tíos, padres, hermanos, amigos raros del mundo, cuando cerráis la boca ni entran moscas ni salen estupideces. Me explico: si dicen eso es porque quieren intimidar al chaval, decirle que como te hagan daño se queda sin cabeza, como si tú no pudieras defenderte, como si fueras la propiedad de ese tío, padre, hermano o amigo raro y fueran tus eternos protectores. No, chicas, llamadles la atención, cortad la raíz. Es curioso porque, en el momento en el que dices en tu familia que eres lesbiana, no amenazan a ninguna tía. ¡Vaya, qué casualidad!

No sé si es peor contar que eres lesbiana o bisexual, o no contar nada y que te digan todas esas gilipolleces; aunque pensándolo mejor, te debe dar igual, porque van a soltar por la boca una parrafada de estupideces que te dejarán con las patas vueltas.

Llega ese momento en la vida donde dices “familia, me gustan las mujeres” (digo “familia”, pero se puede dar en múltiples casos). Entonces hay muchas reacciones:

-“Guay”, tu hermanito pequeño.
-“¿¿Segura??”, tu madre.
-“¿¿De verdad??”, tu padre.
-“Eso es una moda”, tu tío que es un cuñadísimo para tu madre.
-“Pero… si tú jugabas con Barbies y veías La sirenita”, tu tía.
-“Puedes ser todo lo que quieras, ¿quieres un huevo frito?”, tu abuela.
-“…”, tu otro tío que tarda en procesar las cosas.
-“Ah, pues yo tengo una amiga lesbiana, os podría presentar”, tu prima.
-“¿Pero lo has probado con tías?”, tu primo, el futuro votante del PP.
-“¿Desde cuándo?”, tu otra tía que no se entera de nada.
-“Mhm”, tu tía abuela, la súper religiosa que no dice con la boca pero sí con la mirada.
Y un gran etc. que supongo que muchas de vosotras conoceréis.

No lo dicen, pero tú sabes que en su interior están pensando que pobre de ti, que estás muy confusa y que ya te encaminarás (algunas personas te lo dicen a la cara directamente). Empiezan a soltar una serie de indirectas bastante directas hacia ti, dependiendo de si eres lesbiana o bisexual, van unas u otras, pero siempre orientadas hacia lo bueno y lo bonito que es estar con un hombre. Ocurre algo muy curioso (en verdad es horrendo) y es que si eres lesbiana te intentan convencer de que eres bisexual y si eres bisexual te intentan convencer de que eres hetero. Entra en juego el tema de los genitales: “es que no has probado una polla”, “lo que uses con tu novia nunca será como una de verdad”… Estas personas entienden el colectivo como Lesbianas (no tan lesbianas), GAYS, Bisexuales (heterocuriosos) y… ¿taladros? ¿La T ahí de qué es?

Me toca mucho las narices que me digan que no voy a probar una buena polla en la vida cuando existen mujeres con polla. Tienen tanto empeño en asociar genitales con ser hombre o mujer que de aquí a mañana cambiaremos la forma de llamarnos a “coños y pollas”, sin que se den cuenta de lo deshumanizante que es.

La heterosexualidad obligada en gente trans es un poco diferente a la de la gente cis: imaginemos el caso de una chica trans y lesbiana, ¿qué le dirán a ella?

-“¿Y para qué te haces mujer si te gustan las tías?”.
-“O sea, que eres un tío hetero”.
-“nO pUeDeS sEr LeSbIaNo”.
-“Menudo vicioso”.
Y otro largo etc. que me duele escribir.

Estas chicas son como el resto de chicas y negarles su identidad y su orientación sexual es misoginia y homofobia/bifobia. No hay más. Lo mismo pasa con los chicos trans, si salen con un chico la gente se echa las manos a la cabeza.

Quiero que quede claro de una vez: ser trans o cis y que te guste una cosa, la otra o las dos tiene lo mismo que ver con la velocidad y las castañas. Exacto, no van de la mano.

Ahora paso a hablar de mi experiencia propia como sufridora de la heterosexualidad obligada:

Allá por mis tiernos catorce añitos me empezaron a gustar las chicas de forma muy fuerte. Qué curioso es que me dejaran de gustar los chicos, porque no había ni uno que me hiciera sentir tan atraída hacia él. Tardé dos años en asumir que no era hetero, justo cuando dejé el instituto y pasé a bachiller en otro centro. Me atreví a decirme a mí misma que me gustaban las tías, PERO no que no me gustaban los tíos. Me declaré bisexual y tan feliz, aunque en el fondo siempre he tenido una espinita de decir que jamás estaré con un chico. No fue hasta hace muy poquito cuando dije “va, sí, soy lesbiana, no puedo más”. Me estaba intentando engañar a mí misma, era un mar de dudas y me causaba angustia pensarlo. Con esto no digo que toda la gente bisexual vaya a hacer como yo y resultar ser homosexual o hetero, no, para nada. Entonces vino todo lo de “es que no sabes si algún día te vas a enamorar de un hombre”, “no sabes lo que te depara el futuro”… Lo peor de todo es la gente transexcluyente porque, lo creáis o no, son con las que más invalidada me siento. Ya me han dicho varias veces que no soy lesbiana, que soy bisexual solo por no cerrarle la puerta a todas las mujeres. Es muy frustrante, así que, por favor, con la boca calladita… ya sabéis como sigue.

Después de todo esto surge una pregunta: ¿qué podemos hacer para luchar contra la heterosexualidad obligada?

-No decirle a las personas pequeñas que si tienen novio/a y viceversa.
-No presionar a nadie para que tenga una relación hetero.
-Normalizar la comunidad en todas las edades.
-Cerrar la boquita si eres un cenutrio.
-Aprender a respetar lo que dicen el resto.
-No dudar de las personas; si dicen que son una cosa, es que lo son.
-No asumir que todo el mundo es hetero.

Esto no es adoctrinamiento, como mucha gente cerradilla dice, es educación en igualdad para poder desarrollarnos en libertad.

Muchas gracias por leerme, ¡hasta la próxima!

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