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Mirelle Nathalie Aranguren es autora de Arreglándome la vida y de Libertad, S. A.. Hoy es la pluma invitada en nuestro blog para hablarnos sobre un tema que trata en su última novela: la libertad.

Escribir Libertad, S. A. no fue fácil. Escribir mientras trabajas a tiempo completo y con una niña pequeña es complicado, no importa lo que escribas, pero una distopía parecía asincrónica en el momento de mi vida en que la terminé, mientras leía cuentos infantiles. Comencé con esta historia un par de años antes, entonces se quedó en una primera exploración de esta idea que surgió como un antojo que no terminas de descifrar. Fue en Madrid, en aquella época en que le vi una sonrisa especial a sus calles, en las que hice visitas esporádicas de fines de semana. Me gusta pasear por Madrid porque no conozco la ciudad, pero es familiar si vives en otro país, con otra lengua. En Madrid, cogí el metro, allí estaba yo, observando a la gente subirse y bajarse, leer, hablar, reír. Llegó nuestra parada. Sol. No, en aquel momento era Vodafone Sol. ¿Cómo que Vodafone?, pensé. Esas palabras iluminadas en la pantalla del vagón se quedaron dando vueltas por mi mente. Aquello me hizo pensar en lo que significa que las empresas patrocinen el espacio público. En ese momento, comencé a sentir esa curiosidad que precede a las primeras líneas de una historia, esa sensación de tener una palabra en la punta de la lengua.

Libertad, S. A. es una novela de ciencia ficción donde se explora la idea de que el capitalismo extremo coincida con el avance de la inteligencia artificial desarrollada por unas pocas empresas. El poder se concentra en un núcleo y tiene a su disposición una tecnología que le permite extender el control a nivel individual. Control personalizado, hecho a la medida de cada individuo.

Podría haber detenido el cambio de sistema. Y no lo hice.

Y no lo hice.

Dos detectives intentan entender por qué tres ciudadanos de la República Neoliberal Capitalista de Productividad, famosa por su bienestar, prosperidad y desarrollo tecnológico, han cruzado ilegalmente la frontera para pedir asilo. Xía, Kleo y Ryk esperan en una sala a que Zulia y la novata comiencen los interrogatorios con la esperanza de poder vivir en libertad, aunque eso signifique renunciar a los privilegios de los que gozan en la República Productiva.

República Neoliberal Capitalista de Productividad. RNCP. Tan largo y poco amable a la memoria que se acortaba hasta República Productiva. Qué bonito, y qué fácil que todos los demás países, repúblicas o no, se tengan que considerar menos productivos en comparación.

Zulia es una detective experimentada, por eso le han dado el caso; la novata acaba de comenzar a trabajar en esa comisaría, de ahí su apodo. Zulia le permite que la asista en estos interrogatorios tan importantes, la novata quiere demostrar su valía, está decidida a contribuir en el caso y dejar a Zulia boquiabierta, aunque muchas veces le pueda el síndrome de la impostora. Zulia es una policía veterana, sabe lo que hace y se guía por su experiencia. La novata no para de mirar a Zulia, de fijarse en cómo mira, cómo habla, cómo se mueve.

Pero mi mente regresó una y otra vez sobre esas fantasías. La piel. Las máquinas. Las máquinas serían sirvientes, no necesitarían una piel, ¿o sí?

Me gusta tocarte, 

cogerte de la mano, 

sentir que estás aquí, conmigo. 

Me gusta besarte, 

hacerte cosquillas con los labios,

sentir que estás aquí, conmigo. 

Me gusta olerte,

recorrer tu piel y llenarme de ti,

sentir que estás aquí, conmigo. 

Me gusta apretarte,

sentir que te rodeo con los brazos,

sentir que estás aquí, conmigo. 

Xía, Kleo y Ryk confirman que el capitalismo neoliberal que caracteriza a su país no deja espacio para otra cosa que no sea producir y consumir. En la República Productiva el neoliberalismo llega a su cúspide, se ha privatizado todo, hasta el gobierno. Asimismo, narran las desventajas de su gran desarrollo tecnológico, y la falta de libertad que ha conllevado la inteligencia artificial.

Que no se nos olvidase consumir contenido, entretenimiento, mientras hablábamos para que no nos escuchasen.

¿Cómo puedes pensar con libertad si tu mente no vive sola, si tienes a todo el mundo haciéndole compañía, filtrado por un chip?

Internet ya no se lleva en los móviles, sino en una cibermemoria que te implantan en la cabeza, lo que significa que siempre estás conectada a internet, quieras o no. Ya que no existe un gobierno independiente, no hay quien regule el uso de toda la información que de sus usuarios genera el chip.

Xía era catedrática de Humanidades, pero se ha quedado sin trabajo porque enseñar a pensar ya no es productivo. Además de no tener una profesión demandada, es lesbiana en una sociedad cada vez más conservadora. Sin embargo, vive en un apartamento de lujo en el mejor barrio de una gran ciudad de la Republica Productiva gracias a los ingresos de su esposa.

Kleo le es infiel a su marido, de quien no puede divorciarse por las consecuencias que un acto semejante tendría en el futuro académico de su hijo. No obstante, Kleo parece tenerlo todo, dinero, familia y una profesión relevante para la productividad y el desarrollo tecnológico.

Ryk es un disidente, desde antes del cambio del sistema político, ya temía por el futuro de la democracia y de los derechos humanos. Ryk es quien tiene motivos suficientes para huir, pero la República Productiva le ha ofrecido una segunda oportunidad para demostrar que sabe producir y consumir, que entiende qué temas son productivos y cuáles solo empañan la cara de su país.

Escribir es libertad. Si viviese en Rusia, no podría escribir historias con personajes sáficos. ¿Te imaginas un mundo sin libros? Si te gusta la ciencia ficción, ya habrás leído más de una versión de una realidad sin literatura. ¿Utilizamos nuestra libertad de dejarnos inspirar por el arte? ¿De que el arte nos lleve a cuestionar cómo pensamos o cómo vivimos? Pongo el ejemplo de Rusia porque me encuentro en Letonia mientras escribo este artículo, concretamente en Riga, ciudad que sufre con la invasión de Ucrania por solidaridad y por miedo a volver a perder la libertad. El miedo se siente en la piel y en los ojos de los habitantes de la capital letona. Cuidado, Europa, no os olvidéis de la historia, no nos olvidéis, gritan con palabras y sin ellas.

¿Te has parado a pensar en las personas que viven en regímenes donde no pueden expresar sus ideas, donde no se pueden quejar por la discriminación que sufren? ¿Y si fuese a ti a quien privasen de los derechos humanos? La libertad cuesta sangre, sudor y lágrimas, y es tan frágil como una flor.

Habíamos mejorado tanto. Conseguimos derechos para muchos grupos oprimidos. Seguridad. Libertad. ¿Qué pasó? ¿A qué velocidad ocurrió todo que ni siquiera nos dimos cuenta?   

El uso gratuito de las redes sociales normalizó la comercialización de nuestros datos. Debido a la costumbre de acceder a servicios en internet de forma gratuita, no entendemos el valor de la información que regalamos a empresas y exponemos en internet. Estas empresas no avisaron antes de comenzar a usar dicha información para analizar y sacar conclusiones sobre nuestro comportamiento online, ya fuese para vendernos productos o ideologías. Con la inteligencia artificial que avanza con rapidez en la misma dirección, necesitaremos hacer uso de la tecnología para poder cumplir con nuestro trabajo o utilizar internet, y si no comprendemos qué información compartimos al emplear la inteligencia artificial, podríamos acabar en situaciones que comprometan nuestra integridad. En China, ya se usa la inteligencia artificial para estudiar el comportamiento de sus habitantes y penalizar a las personas que no sean buenas ciudadanas.

La buena noticia es que vivimos en democracia, las instituciones tienen todavía el poder para legislar el uso y la seguridad de la tecnología con la que convivimos. Quizás lo que nos hace falta es aumentar el entendimiento de los sistemas políticos, de los derechos existentes y del valor de cada voto en cada elección. 

Las acciones son los derechos a voto para las decisiones, es la forma de influir en el gobierno. Ese debería ser el motivo más importante para tener un buen trabajo, en teoría, pero a la hora de la verdad, no es tan importante tener tanta voz como los demás. Lo que importa es la calidad de vida, la comodidad.

¿Qué vale más, la libertad o la comodidad? 

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