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Stef León es autora de la trilogía El misterio de la Escritora.

¿De dónde saca la inspiración para escribir, sobre qué temas? ¿Alguna manía? ¿Tendrá síndrome de la impostora? Conoce un poco mejor a Stef a través de las respuestas a estas cuestiones.

 

Por qué escribes

A lo largo de los años, mi respuesta a esa pregunta ha ido evolucionando. A los doce, comencé a escribir con la intención de impresionar a una profesora muy estricta y ganarme su aprecio. Pero después de mi primera experiencia con el amor a los dieciséis, encontré en la escritura una forma de contar mi historia, ya que no hallaba en la literatura de mi país, Ecuador, la representación de mi experiencia como adolescente queer. Durante mis años universitarios, la escritura se convirtió en un escape de la realidad, un respiro de los conceptos abstractos que llenaban mis días al estudiar matemáticas. Fuera del primer caso, he dedicado gran parte de mi vida a escribir para mí, porque disfrutaba de ello más que de cualquier otra cosa en el mundo.

Luego de publicar mi tercer libro, Cazar el caos, comprendí que la escritura va más allá de las ideas románticas que tenemos sobre ella. Escribir es sudor, lágrimas, momentos de alegría y tristeza, instantes de disfrute que pasan tan rápido como una estrella fugaz y la mayoría de arduo trabajo. Sin embargo, aún creo en la magia que existe en la mezcla de todos estos elementos, una magia que solo se puede conseguir a través de las palabras y que ninguna otra forma de narración puede igualar. Y por ello escribo.

 

Qué te inspira

Diría que la curiosidad es mi inspiración y también mi verdugo. Cada cosa que veo, tan simple como un ladrillo en la acera, se convierte en una oportunidad para hacerme preguntas y crear un hilo a partir de ellas. Es por eso por lo que mi cabeza va creando pequeñas historias cada dos por tres y hay miles de “posibles novelas” que me encantaría escribir si tuviera diez brazos y varios cerebros. Esos hilos de curiosidad no solo me encienden la mente, sino que también me atraen y me mantienen cautiva hasta que encuentro las respuestas que busco. Hay hilos que se desvanecen con rapidez y otros que se abren paso y se convierten en historias escritas.

 

Manías a la hora de escribir

No sé si es manía o exigencia, pero necesito de cierto ambiente para concentrarme: silencio, orden a mi alrededor y ropa cómoda. ¿Puedo escribir sin esas cosas? Sí. Pero iría a paso de tortuga. Mi “manía” por el silencio me ha obligado a ser una escritora nocturna por muchos años. Escribir de diez de la noche a dos de la mañana fue mi pasión y lo que inauguró mis ojeras. Hoy en día tengo la suerte de poder escribir a horas más… adecuadas.

Mientras escribía Bajo las sombras y Armonía secreta tenía una rutina específica: olía una esencia (que una amiga preparó especialmente para mí) y luego me ponía manos a la obra. Lo malo fue que cuando me la acabé, mi amiga no pudo replicarla. ¡No se acordaba de todas las cosas que había mezclado para conseguirla! Sabíamos los ingredientes principales, que eran esencias cítricas, pero lo demás se nos escapaba. Así que, para Cazar el caos, tuve que conformarme con oler una mezcla entre naranja y mandarina.

 

Cómo te enfrentas al bloqueo 

Suelo leer a autoras como Margaret Atwood, Elena Ferrante y Sarah Waters. Me ayuda sumergirme en otras historias y también pensar que muchas de esas novelas fueron escritas en procesos similares al mío, donde el bloqueo creativo estuvo presente.

Si el bloqueo es muy fuerte, me va bien tomarme una pausa larga, hacer otras cosas, pasear por la ciudad, ver series, películas o incluso comenzar a escribir otra historia que me sirva para refrescarme de la primera.

 

¿Síndrome de la impostora?

Muchas veces, pero he aprendido a lidiar con él. Lo que hago es dejar de compararme con otras escritoras y concentrarme en mi progreso. He releído cosas que escribí hace quince años, diez o dos y al darme cuenta de que me he superado, me he sentido mucho mejor. Estoy consciente que siempre tendré que mejorar en algún aspecto dentro de mi “yo escritora” y eso no me entristece, sino que me alegra, porque imagino a mi “yo escritora” dentro de diez años y sé que habrá pulido aún más sus obras y que habrá aprendido mucho más.

 

El misterio de la Escritora