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Anna Pólux es autora de El Plan C, Al primer click, Al segundo click y coautora de Cosas del destino.

¿De dónde saca la inspiración para escribir, sobre qué temas? ¿Alguna manía? ¿Tendrá síndrome de la impostora? Conoce un poco mejor a Anna a través de las respuestas a estas cuestiones.

 

Por qué escribes

Es una pregunta compleja, porque creo que su respuesta ha ido enriqueciéndose en los últimos años. Cuando empecé a escribir, en mi preadolescencia y adolescencia, lo hacía porque me gustaba y porque me ayudaba a desconectar de todo lo demás. Me sumergía en la trama de lo que estuviera escribiendo en cada momento y todo lo que envolvía al proceso de escritura me hacía sentir bien (pensar la trama, planificar, escribir…). Antes de empezar a compartir mis historias en plataformas de lectura online escribía solamente porque me gustaba a mí.

 Cuando empecé a compartir mis historias, allá por 2010/2011, y a recibir comentarios, al «me gusta a mí» se sumó el «le gusta a otra gente» y mis motivos para seguir escribiendo se multiplicaron por dos. En 2016, Ginsey y yo empezamos a subir a Wattpad la historia de Cosas del Destino y, a partir de ahí, con CDD y las otras historias que vinieron después, empezaron a llegar comentarios de personas que decían que esas historias les habían ayudado en cuestiones tan importantes como aceptarse a sí mismas. Me di cuenta de que  lo que escribo puede servir de referente a alguien y ayudar a visibilizar a las mujeres del colectivo, y se convirtió en un motivo superimportante también.

Resumen de mis motivos para escribir: «Me gusta», «Gusta a otras personas», «Puede ayudar a gente».

 

Qué te inspira

No creo que haya un elemento concreto que me inspire. Hay personas a las que les inspira la música o encuentran ideas en los comentarios de la gente, pero en mi caso creo que la cosa va más de situaciones o momentos en los que es más fácil que me fluyan las ideas. Una de esas situaciones son los viajes largos en coche, que suelen ser muy productivos ya que es como entrar en una cápsula que me ayuda a sumergirme en mi mundo interior «escritoril». Algo parecido pasa con los paseos que doy con Karma: como ella no me habla a mí y yo no hablo a nadie, voy metida en el universo de la historia que tenga entre manos en cada momento.

 

Manías a la hora de escribir

No tengo manías «estilo Cooper», en plan tener el ordenador en ángulo recto con el resto de los elementos que lo rodean en el escritorio. De hecho, casi siempre escribo en el sofá en posición poco ergonómica y nada recomendable. No tengo manías concretas, pero necesito dos cosas cuando voy a ponerme a escribir: tiempo y silencio absoluto.

En cuanto al tiempo, si me pongo a escribir debo disponer mínimo de un par de horas por delante, porque necesito tiempo para meterme en la escena y ser algo productiva. No suelo ponerme a escribir si dispongo de poco tiempo, me da la sensación de que solo podré escribir media frase y no me merece la pena.

En cuanto al silencio absoluto, me distraigo con una facilidad pasmosa y cualquier ruido me saca de la escena que estoy escribiendo. Si mientras escribo mi pareja quiere ver la televisión, la obligo a ponerse cascos. No puedo escribir en sitios donde hay mucha gente, porque no puedo obligar a todo el mundo a ponerse cascos y todavía no tengo el superpoder de ponerlos en mute.

 

Cómo te enfrentas al bloqueo 

Odio el bloqueo. MUCHO. Me pone de mal humor, porque quiero escribir y no me sale y es muy frustrante.

 ¿Qué hago cuando me visita? Pues en principio me doy por vencida y paso un tiempo sin ni siquiera intentar escribir, con la esperanza de que ese bloqueo se vaya pronto. Si no se va pronto (cuestión de días, un par de semanas a lo sumo), me obligo a sentarme frente al ordenador y escribo a pesar de que tenga la sensación de que me está saliendo una birria con lazo de los feos. Generalmente me abro paso entre esa birria hasta que conecto de nuevo con la historia a partir de una frase con gancho o de un diálogo que me queda fluido.

 

¿Síndrome de la impostora?

Siempre. Soy de natural insegura, en la vida en general y en la escritura en particular. Suelo necesitar opiniones externas que validen lo que hago. Normalmente, lo que escribo no me parece lo suficientemente bueno. Como ejemplo un botón: si Ginsey no me hubiese obligado a terminar El Plan C, la historia se hubiese quedado en el capítulo 9 o 10 olvidada en alguna carpeta de mi ordenador. No me parecía que pudiera gustar.

 

Las obras de Anna Pólux

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