Cazar el caos
Capítulo 12 – De nombres y fiebres
Becca se tragó el sentimiento de deslealtad junto a pequeños sorbos de agua mineral. Con una mano metida en el bolsillo del pantalón de seda azul y la otra sosteniendo el vaso, siguió a Isabelle por la habitación manteniendo la distancia que se había autoimpuesto. Se sentía incapaz de estar a su lado sabiendo lo que le esperaba. En la punta de su lengua burbujeaban las palabras que truncarían los planes. Se sentía impelida a revelar la pantomima que no tardaría en suceder, pero se amarró la conciencia. «Planeaste lo del concierto porque querías saber… Estás a punto de lograrlo, no lo arruines ahora. La verdad está a un paso de distancia», se dijo. Y le dolió. Recordó ese dolor más adelante —al golpear Isabelle la mesa en medio de su huida, cuando el jarrón se tambaleó sin caer—, y eso la obligó a no ir tras ella. La puerta se cerró y, con la discusión aún girando en su cabeza, fue a por su abrigo. Pensó en todas las señales que había sido incapaz de ver y que en ese momento arrojaban una claridad demoledora. Rozó la verdad con la punta de los dedos. Salió de la mansión tan perdida en las tinieblas de aquellos pensamientos que apenas notó que alguien pronunciaba su nombre completo. Volteó al sentir una mano apoyándose en su hombro. Era Emma. —Puedes soltarla, Cas. No es una amenaza —pronunció Lerroux. La orden fue acatada sin vacilación. Becca se giró y encontró a una mujer de piel oscura, mirada intensa y pinta de ser muy ruda. Ambas se midieron mutuamente con el entrecejo fruncido. —Pudiste romperme el brazo —le espetó Becca. —Pero no lo hice —contestó la mujer en tono monocorde. —Casandra es la jefa de mi equipo de seguridad —explicó la Marquesa—. Es muy buena en lo que hace, aunque a veces exagere un poco. —Soy buena porque no dejo pasar nada —pronunció Casandra en aquel tono carente de emociones y añadió en dirección a Emma—: ¿Mando traer el auto? —Todavía no. Déjanos a solas, por favor. Casandra asintió y su figura vigorosa se alejó siguiendo la línea de arbustos que rodeaban la casa. Se detuvo a una distancia prudente y se quedó ahí como una estatua. —Da miedo —comentó Becca sin poder evitarlo. Aquellas palabras devolvieron a Becca al centro de la vorágine. La expresión de Emma mutó de inmediato. Becca notó lo fríos y calculadores que eran sus ojos grises desde que se enfrentaron en la cancha y se obligó a recordarlo a pesar de que Lerroux pusiera cara de póker. —No entiendo adónde quieres llegar —dijo la Marquesa. —Llegaré antes al punto si solo dejas de fingir. No era tu plan ayudarme y no sé si de verdad querías obtener algo de Isabelle. Dejé que me usaras porque también te necesitaba. La llevé a tu concierto y les pedí que cantaran mientras le pedía matrimonio porque precisaba comprobar lo que venía sospechando hace tiempo. Que tú y ella tenéis historia… —Te lo dije, fuimos novias. —¿Cuál otra? Becca dejó escapar aire como si estuviera soplando sobre un montón de velas encendidas y metió las manos en los bolsillos del abrigo. Cuando Becca levantó la mirada, Emma parecía congelada. No pestañeaba, tenía los ojos abiertos como espejos oscuros y las luces blanquecinas de la casa le daban el aspecto de una estatua renacentista. En el cielo estallaron fuegos artificiales, sobresaltándolas, y la lluvia azul, dorada y roja comenzó a caer sobre sus cabezas. Guardaron silencio. La vorágine en la cabeza de Becca iba ralentizándose. Cuando el cielo volvió a quedarse oscuro, tan solo con el humo de los fuegos artificiales flotando sobre la mansión, la basquetbolista retomó el hilo de sus pensamientos; dijo: —No la has llamado por su nombre. Usas apelativos para referirte a ella, pero nunca su nombre. Y lo que dijiste sobre que me miente acerca de cómo se llama ha atado el último cabo. Ella no es Isabelle Forti. —No —confirmó Emma con la voz ahogada—. No lo es. Becca vio el cuello estirado de Emma. Lo mantenía así, aunque los fuegos artificiales hubiesen acabado. Parecía contar las estrellas. —Lo es —sentenció. La basquetbolista respiró profundo antes de hacer la última afirmación. —Tu prima. —Te tengo un poco de lástima, Lerroux —dijo Becca antes de marcharse. —¿Por qué? —preguntó la Marquesa. *** —Mami, ¿me cuentas otra historia? —Tessa, es tarde ya. Intenta dormir, ¿sí? Lo de ser dura con su hija, Natalia nunca lo había aprendido, y aunque se sabía de memoria la interminable cantaleta sobre imponer límites, no pudo contra aquellos grandes ojos azules que tanto se parecían a los suyos. Suspiró. Asintió con una sonrisa y volvió a sentarse al filo de la cama. —¿Qué historia quieres escuchar? —preguntó mientras su hija se le acomodaba bajo el brazo para observar las ilustraciones. —¡La princesa y la tormenta! Media hora después, la niña finalmente había conciliado el sueño y su madre tuvo cuidado de no arroparla, pues temía que la fiebre aumentase. Aquellos episodios febriles habían comenzado dos meses atrás. Además del aumento de temperatura, los síntomas eran dolor de garganta, fiebre y escalofríos, como los de una gripe común. Así lo trató la pediatra las primeras veces que fueron a la consulta. Sin embargo, la «gripe» volvía sin razón aparente, de la nada, y otros síntomas habían aparecido: transpiración nocturna abundante y picazón generalizada. Aquello había encendido las alarmas de la doctora. —Tenemos que realizar estudios más profundos para saber qué es lo que le está ocurriendo —había dicho la doctora aquella noche cuando Natalia llevó a Tessa a una consulta de emergencia. —¿Qué clase de estudios? —Por ahora ordenaré un examen de sangre —dijo la pediatra tomando pluma y un recetario, como si rehuyera la mirada de la madre—. Una vez tengamos los resultados sabremos si Teresa requiere otro estudio más especializado. —No nos preocupemos demasiado pronto —apuntó la doctora con una sonrisa que a Nat le pareció fingida—. Primero la analítica y luego veremos… «¿Luego veremos? ¿Qué clase de respuesta es esa?», pensó Natalia. Dejó encendida la lámpara de noche y echó un último vistazo a su hija desde el umbral de la puerta. Se removía entre sueños. Le hubiera gustado aliviar su dolor, pero no había podido hacer más que darle la medicación para bajar la fiebre. Cuando sintió la madera fría del pasillo se dio cuenta que se había dejado los tacones en la habitación de su hija y que, además, todavía llevaba el vestido que había planeado lucir en la fiesta. La fiebre de Tessa le impidió asistir, aunque Natalia en persona había colaborado con el diseño de la tela. Mientras se quitaba el vestido, le dio vueltas a la idea de informar a Théodore sobre la salud de la niña. Natalia y él habían acordado mantener una relación cordial por el bien de su hija, pero, de todas formas, hablar con él, incluso escribirle, le significaba a Natalia un esfuerzo emocional. Sacudió la cabeza y se golpeó las mejillas, enojada por caer en una espiral autocompasiva que nada tenía que ver con su carácter. Hola. Seguramente estás durmiendo ahora, pero quería decirte que Tessa tuvo fiebre de nuevo y que la pediatra ha descartado que sea un caso de gripe. Le ha mandado a hacer una analítica para saber qué está pasando… Hizo una pausa sin saber cómo seguir y decidió ser sincera: Estoy preocupada. ¿Tuviste algo parecido cuando eras pequeño? ¿Alguien de tu familia padeció algo así? Preguntaré también de mi lado. Pensó que no podía terminar el mensaje ahí, así que agregó: Cerró la conversación con el Maldito Espermatozoide y se sirvió una copa de vodka con jugo de arándano. Le había dado un par de sorbos mientras revisaba webs de salud infantil, cuando la sorprendió una llamada de Isabelle. Contestó de inmediato. —Digamos que sí, ya no estoy en la fiesta. —¿Acabó tan pronto? —No. Tuve que marcharme. Estoy en Manhattan. Natalia notó que a su amiga le costaba hablar. —¿Qué pasó? ¿Discutiste con La Rebe? —¿¡Qué!? ¡Mierda! ¿Cómo es que se apareció allí? —Creo que Rebecca tuvo algo que ver. —No bromees con esto —bufó Isabelle—. Te llamaba para saber cómo sigue Teresa. ¿Le bajó la fiebre? —Estoy preocupada… —¿Por qué? —La pediatra dice que tenemos que hacerle estudios, que no se trata de episodios gripales. No ha querido decirme lo que sospecha… —¿Quieres que vaya y lo hablamos mejor? Estoy muy cerca. *** —Mañana iré contigo a que le hagan ese examen —murmuró Isabelle. —Necesitaré de toda tu ayuda para entretenerla, porque ya sabes cómo se pone cuando le sacan sangre. Estaban en el pasillo, vigilando el sueño de Tessa. La niña se removía en sueños y el cabello cobrizo se le enredaba sobre la almohada. Isa la miraba con preocupación. —Todo saldrá bien —se atrevió a decir. —Por supuesto —dijo—. No estamos hablando de tu vida amorosa. Esa sí que es un desmadre. ¿Cómo dejaste que se te juntara el ganado de esa forma? Mínimo cítalas en fiestas distintas, haz el esfuerzo. Pero tú por ahorrar tiempo te pones en peligro… Isa puso los ojos en blanco mientras Natalia se reía por lo bajo y la guiaba al salón. —No me la comí —bufó Isa. —Cuatro millones de tuits dicen que sí. En los videos casi te la tragas entera. ¿Ibas hambrienta? —No bromees con eso. Isabelle se tapó la cara con ambas manos. —No vine a que te burlaras —murmuró. —Siempre vienes a que te aligere las cosas y yo te cumplo. Tus problemas aquí pesan un cacahuate. —Afuera no… —Natalia, ¿puedes dejar de bromear y tomarte las cosas en serio? ¡Busco una solución! Siento que Emma me respira en la nuca y que Becca me tiene contra ella, pidiéndome explicaciones. —Mejor cállate —gruñó Isabelle. Natalia se colocó en la boca un candado invisible, tiró la llave y se marchó al taller adyacente donde la esperaba una pintura al óleo a medio terminar. Su amiga puso los ojos en blanco y la siguió. —No te lo tomes tan literal —le dijo. Natalia no respondió. Se estaba poniendo un delantal y mezclando pinturas. Isabelle esperó con paciencia. —Solo digo —soltó Nat a la par de la primera pincelada—, que te ahogas en un vaso de agua. No es que haga de menos lo que Lerroux te hizo. Sabes que la detesto desde entonces. Pero hace mucho que debiste enfrentarla. Llevas años ignorando tu pasado. Le has echado tierra a un recuerdo que es un muerto viviente. Es hora de que tomes un rifle, un hacha, lo que sea, y lo masacres. Bum, bum, bum, y ya está. —Ojalá fuera tan fácil. —Y yo te advertí que te olvidaras de Théo y mira el milagrito con el que saliste. Natalia se dio la vuelta con la boca abierta y se tocó el pecho con un gesto dramático. —Llamarme así también lo es. —Mi venganza es rápida y certera. Ambas rieron. —¿Qué harás con La Rebe? —preguntó Natalia mezclando otro color. —No sé qué tanto sepa a estas alturas. Tal vez Emma ya se lo dijo. Ni siquiera sé cómo se pusieron de acuerdo para acorralarme. —Suena a que tu novia también tiene varias cosas que explicar. —Pero ir con Emma después de que tú le pidieras que esperara no se justifica tan fácil. Debió confiar en ti. —Tal vez le pedí demasiado. —No la pongas de víctima. —Lo es… —¿Por qué? ¿Porque tú le ocultaste tu pasado? Tienes tus razones. —No por eso. —¿Entonces? A Natalia se le cayó el pincel y el gesto dramático con el que se giró fue genuino esta vez. —Bromeaba —articuló—. Estaba bromeando con lo de antes. ¡Pensé que la odiabas! Me habías dicho que la odiabas… —Me la comí en el concierto, ¿no es así? —Un beso no significa nada. Emma te obligó de todas formas. ¿Qué es lo que sientes y por qué son parásitos estomacales y no mariposas? Isabelle se tapó la cara y rio compungida. —Ay, amiga, no me digas que… —musitó Natalia. —Cuando estoy cerca de Emma no puedo ser yo. Me tiemblan las piernas, ¿entiendes? Sostenerle la mirada es como un esfuerzo titánico. —¿Y eso qué significa exactamente? —No lo sé. —Tienes que averiguarlo rápido. La Rebe está en medio… —¡Lo sé, lo sé! Llevamos nueve años de relación. Estoy confundida… —¿Cómo crees que estoy yo? Escucharon el timbre. —¿Esperas a alguien? —preguntó Isabelle. —No. Seguramente es el repartidor. Siempre se confunde de departamento. *** —¿Qué haces aquí? —le preguntó. —Mi hermano me llamó. Le mandaste un mensaje diciéndole que Tea se encuentra muy enferma. Vine a verla. —Solo le dije que le harán un examen de sangre mañana. —No le contestas el teléfono y está preocupado. —Seguro que se quedó sin batería. Mañana haré que Tessa llame a su padre por Skype. Puedes irte. Ella duerme ya. —Regresa mañana. —¿Y las acompaño a que le hagan el examen? Natalia sabía que eso complicaría aún más las cosas. —Está bien —accedió—, puedes subir. Apretó el botón que abría la puerta de la calle y colgó el interfono. Casi corre de vuelta al taller, con Isa. —Tienes que esconderte —le dijo con atropello. —¿Por qué? —¡Emma está subiendo! —¿¡Qué!? —Me tomó por sorpresa, viene a ver a Teresa. —¿Qué hago? —Esconderte en mi habitación y no hacer ruido —Natalia la empujó hacia allí—. La despacharé lo antes posible. Escucharon golpes en la puerta y se sobresaltaron. —No hagas ruido y ni se te ocurra salir. —¿Por qué saldría? —No lo sé. —No seas tonta. —Ya deja de hablar. Voy a abrirle la puerta a tu amorcito. —¡No la llames así! —Gracias —fue lo que dijo—. Sé que es tarde, pero Théo sonaba muy preocupado y me preocupé también. —Pasa. Ella está durmiendo. Le di algo para la fiebre. —¿Qué dijo la pediatra? Ante el ambiente caldeado del departamento, Emma se quitó el abrigo y le preguntó a Natalia dónde lo ponía. La pintora se lo tomó y lo guardó en el armario a toda prisa mientras conducía a la cantante a la habitación de Tessa. La observaron desde la puerta entreabierta. Media hora más tarde y después de haber discutido sobre las posibles causas de los episodios febriles de la niña, Emma estaba dispuesta a marcharse. Insistió sobre el asunto de acompañarlas al examen de sangre, pero Natalia se negó aduciendo que Tessa se pondría en modo mimado si veía a su tía y que sería imposible lograr que se tomara en serio la aguja. Era una excusa escueta, lo supo por la cara que puso Lerroux al escucharla, sin embargo, no repuso nada y se adelantó a Natalia para tomar su abrigo del armario. Lo sacó y se quedó paralizada. —¿Quién? —Yzayana está aquí. Ese es su abrigo —lo señaló y Natalia casi se abofetea por haber sido tan descuidada. ¡Claro que ese era el abrigo de Yzayana y claro que Emma lo había reconocido porque estuvieron juntas en la fiesta! —¿Estás demente? —repuso intentando poner cara de no enterarse de nada—. ¿Por qué hablas de Yzayana ahora? —Está aquí —repitió Emma y paseó la mirada por el salón. Comenzó a buscarla por todo del departamento antes de que Natalia pudiera hacer nada y llegó hasta la puerta de la habitación donde Isabelle se escondía. Abrió la puerta y la pintora cerró los ojos esperando el estallido. No ocurrió. Emma se demoró unos minutos y luego salió con cara de decepción. Emma no le hizo caso, siguió buscando por toda la casa sin éxito. Cuando se aseguró de que Isabelle no estaba, volvió a acercarse al armario, sacó el abrigo y lo olisqueó. —Huele a ella. Es el perfume que usó en la fiesta. La Marquesa sonrió, lacónica, y regresó el abrigo a su lugar. —Has estado en contacto con ella todo este tiempo, ¿no es así? Natalia abrió la puerta y esperó a que Emma la cruzara. La cantante se tomó su tiempo. A la pintora le hubiese gustado darle una patada en el trasero para que se apurase. Natalia se echó a reír y se tiró en la cama. —Los Lerroux siguen jodiéndonos la vida —soltó al vacío.

Q es esto????😱😱😱
Tome, jajajaja
F
LAS SHIPPEO
Boom
Y obvio Yza también de Emma, Beca sorry no sorry 🤷🏼♀️
NECESITABA A NATT EN ESTA HISTORIA, GRACIAS
SE QUEDARON JUNTOS DIOS, LOS GAYS SIEMPRE TRIUNFANDO
Perdón, quien es lucas??
El hermano de Nat
Excelente cap, como siempre, me quedo con ganas de mas. acabo de leerlo y la espera me esta matando, muchas gracias por el capitulo!! La relación entre Emma e Yza es como la de un lobo y su presa, hasta ahora solo corretean, espero la confrontación. No sabia que Nat seguía en contacto con Yza, que grata sorpresa.
Te amo Nat 🤣🤣
😭😭si todas la sentimos
Que pedo
Medidas drásticas
Stui: ah no hermana, consíguete la tuya
Kha? Yo no entender
Aaaah cachuchas…
Espera… ¿QUEEEEEEEE?
AAAAAAAAAAAAHHHHH QUE ME MUERO
Que miedo Becca 😳
Esta parte me puso muy melancólica
Te amo, Nat
¡Y sí!
JAJAJAJA
Reconocerlo es el primer paso
Solo puedo decir: siempre fan de Nat,nunca infan.
Contexto, por favor o me pongo loca
¡Jajaja!. Nat te amo
Dilo más alto, mami
NO ME DUELE. SUPERADISIMO TODO.
💔
Estoy deacuerdo con eso
JAJAJAJAJA *finge sorpresa*
¿Aún siguen los envíos de los pañuelos Lerroux?
Porque los necesito ahora mismo.😢😢
Nat sabe.
JAJAJAJAJAJA NAT MI PATRONA
Que feo pero ya lo jodio todo
Nat: la vida las hizo primas, pero el norte las hizo esposas :p
Si Nat como amiga es chingona, ahora como mamá??? noombre adoptame Nat
Ok, pero siempre voy a amar esta amistad<3
Sigo anhelando leer que no son primas, que hubo un error y todos es mentira🥺😩
AJAJAJAJJAJAJ
Jajaja, tu solita te lo buscaste
Al menos su amistad sigue, que bonito
👀 👀 👀 👀 👀 👀 👀 👀 👀 👀 👀
Más, porque no es suficiente
👀 👀 👀 👀 👀 👀 👀 👀 👀 👀 👀
JAJAJAJAJAJA Nat siempre tan única 😂
La cena y el postre estuvieron buenos
Madres
😂😂 nat siendo nat
🤣😂🤣
Chica das miedo. Yza corre
Lo que todas pensamos