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¡Vamos directo al lío!

Juanita Diaz-Cotto (1953), lesbiana, latina e intelectual

Escritora y profesora puertorriqueña, entre sus trabajos resalta la compilación y edición de la antología Compañeras, una colección de escritos de ficción y no ficción, que narran historias de mujeres queer identificadas como latinas.

Juanita es parte de la historia porque fue, gracias a esa publicación, pionera en darle voz a una comunidad que hasta entonces no tenía espacios para expresarse con libertad. O, mejor dicho, que estaba completamente silenciada.

En Compañeras, las distintas autoras brindaron consejos y anécdotas sobre cómo experimentar la sexualidad dentro de la cultura latina.

La Reina Nzinga Mbande o Ana de Sousa (1583–1663), el poder en manos de una mujer

Fue la regente de Ndongo y Matamba al norte de la actual Angola. Asumió el poder tras la muerte de su padre y hermano, en un periodo en el que la trata de esclavos se hacía cada vez más popular.

Durante 40 años se resistió a la conquista portuguesa (1620-1660), siendo reconocida por sus tácticas militares y brillantez diplomática durante el conflicto. De hecho, se convirtió al cristianismo y adoptó un nombre portugués en las negociaciones para los tratados de paz.

Hay relatos que cuentan que Nzinga Mbande, a pesar de haberse casado con un hombre, tenía “esposas” y hacía que sus consortes se vistieran como mujeres.

Dicen, además, que solo respondía cuando le llamaban rey, durante las batallas militares, vestía ropa de mujer y de hombre (rompiendo los estándares binarios).

Gladys Bentley (1907-1960), la Drag King del blues

Conocida como la Drag King durante la Era de la Gran Depresión y la Prohibición (1920-1930) en los Estados Unidos. Salía a los escenarios a cantar blues vestida con traje, sombrero de copa y bastón, al estilo “todo un caballero”. Imagínense, estaba penado tomar alcohol y otras cosas consideradas inmorales, pero ella se dejaba ver rompiendo los estereotipos de la feminidad.

Algunas de sus canciones hablaban de su atracción por las mujeres, así como las relaciones sexuales y otros temas delicados en el ámbito social, lo que la llevó a formar parte del Renacimiento de Harlem, un movimiento cultural e intelectual.

También conocida como Bobby Minton, solía coquetear abiertamente con las mujeres del público, y no era extraño que la policía irrumpiera en sus presentaciones tras haber recibido denuncias porque su actuación era “sucia”.

Sus canciones con más contenido lésbico, como Sweet Georgia Brown y Alice Blue Gown, que tenían el poder de sonrojar a cualquiera en aquella época, nunca fueron grabadas (ya se imaginarán por qué).

Cerca del final de su vida se acercó a la iglesia evangélica y dijo que su lesbianismo había sido curado tomando hormonas femeninas.

Chavela Vargas (1919–2012), la revolucionaria de la ranchera

Chavela Vargas nació en Costa Rica, pero vivió más de 8 décadas en México. Le dio a la música ranchera su estilo propio y se negó a adoptar los estereotipos femeninos de las cantantes de mediados del siglo XX en América Latina; al contrario, optó por un estilo considerado masculino.

De voz gruesa y emocionante, al principio no habló abiertamente de su sexualidad. De hecho, una vez declaró que “si eres lesbiana, estás marginada. No voy a andar exponiéndome, no puedo andar con un cartelón diciendo que soy lesbiana. He abierto caminos con mucho dolor y muchas ofensas”.

Chavela tuvo relaciones con muchas mujeres durante su vida, pero solo reconoció que era lesbiana a los 80 años. Uno de los romances más sonados es el que protagonizó junto a Frida Khalo, “fue un deslumbramiento al verle la cara y los ojos. Pensé que no era un ser de este mundo. Sus cejas juntas eran una golondrina en pleno vuelo”.

La cantante se convirtió en una exponente del movimiento LGBT+, por desafiar las convenciones sociales y vestir lo que quería, lo que la hacía sentir cómoda… “Vestida de mujer parecía un travesti”.

Patricia Highsmith (1921 – 1995), la autora de Carol

Mary Patricia Plangman, o como todas la conocemos: Patricia Highsmith, es la autora de más de 20 novelas, entre las que destacan La falsa periodista y Madame X.

Pat, como prefería que la llamasen, tenía un talento descomunal para seducir mujeres y, en alguna oportunidad, dijo sentirse como un hombre en cuerpo de mujer. Sin embargo, como muchas personas en su época, ella veía la homosexualidad como un trastorno mental que podía ser curado, solo que… decía tener demasiado apetito sexual como para intentar sanar el suyo.

De su pluma nacieron algunos de los primeros libros con historias homosexuales, Carol, considerada una autobiografía, narra la historia de una joven dependienta que se enamora de una elegante clienta. En la vida real, aunque la vio en una tienda y creyó haberse enamorado de ella, la autora nunca cruzó palabra con su musa. La novela fue publicada por primera vez en 1952 con el nombre “El Precio de la Sal” y la firmó con el seudónimo Claire Morgan.

A ella le debemos el regalo de una de las mejores narrativas LGBT+ de todos los tiempos, una que muestra que el amor entre dos mujeres puede tener un final feliz.

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