Casi tan importante como la construcción de personajes, lo es la ambientación y la ubicación de las historias. Descubre cómo Grizzly ideó cada una de las atrayentes localizaciones de Perdida en el cosmos.

 

«Todo lo que puedas imaginar es real», decía Pablo Picasso.

Una de las cosas que más me gustan de la escritura es que tienes el poder de crear lo que sea, cuando sea. ¿Dragones que escupen fuego? ¿Extraterrestres que toman la forma de tus miedos más profundos? ¿Mundos escondidos dentro de un ropero? Todo es posible en un libro; basta con escribirlo para transformarlo en algo real.

Algo característicos de mis historias, y quienes hayan leído algunas de ellas pueden corroborarlo, es que están ambientadas en ciudades y pueblos ficticios. ¿La razón? Ninguno de los lugares que conozco termina de acomodarse a las necesidades de la historia que quiero contar. Creo que, al momento de escribir, no solo son muy importantes los personajes y la trama, también los espacios donde se desarrollan las escenas. Una calle, un parque, un museo, una casa, una estación de tren; todo ayuda a darle un significado más profundo a la trama. Es como la utilería en el cine, la fotografía y la televisión. Todo tiene una razón por la que está ahí.

Cuando comencé a escribir mi libro Perdida en el cosmos no tenía una ubicación específica, solo sabía que la trama debía desarrollarse en un rancho cerca del bosque y que necesitaba un tren que funcionase, pero ninguno de los lugares que conocía se acomodaba a las necesidades de la historia, así que creé un pequeño pueblo al norte de los Estados Unidos llamado Sequoia Falls.

¿Cómo logré hacerlo parecer real?

Tomé como inspiración un pueblo llamado Maple Falls, ubicado en el estado de Washington, y, como si tuviese algún poder divino sobre la geografía del planeta, comencé a ubicar poco a poco los lugares que necesitaba para desarrollar la historia; un rancho que contrasta con la vida que conoce la protagonista; un cementerio de coches; un tren cuyas vías cruzan montañas nevadas y representan el viaje que ambos personajes experimentan durante la trama; un río de aguas caudalosas que podrían tragarte sin piedad, como la tristeza y la soledad. Es como armar el set de una película con lugares que conozco, pero que están demasiado alejados entre sí. Así que los tomé y los acomodé en un mapa que vive dentro de mi cabeza. Nunca lo dibujé en papel, pero sé bien dónde queda cada lugar que necesito.

©Kyle Kotajarvi | Fuente: https://www.instagram.com/p/B-klbY1pW96/

 

Imagen de vermilye.blogspot.com | Fuente: http://vermilye.blogspot.com/2015/07/silver-lake-county-park-maple-falls-wa_29.html

 

Parte de las ambientaciones que hay en el libro son cosas que he experimentado yo misma, por lo que me fue fácil describirlas. La ciudad donde crecí está en la precordillera, rodeada de montañas y parcelas donde se crían animales, se cultivan verduras, se plantan vides y otros árboles frutales. La casa de mis padres está ubicada a los pies de un cerro y no es extraño despertarte en la mañana con el sonido de los queltehues y las torcacitas. Con el rocío de la madrugada y neblina en el invierno y otoño. El truco, en mi caso, está en tomar lo que conoces y exagerarlo o simplificarlo o adaptarlo hasta que coincida con las necesidades de la novela.

 

Imagen de realtor.com | Fuente:  https://www.realtor.com/realestateandhomes-detail/7450-Wheeler-Rd_Maple-Falls_WA_98266_M11315-93202#photo0

 

Después de situar los lugares que necesitaba, les di una historia. Algunos de esos datos no los incluí en el libro, pero me ayudaron a ambientar todo de mejor forma. Por ejemplo, aunque está plagado de coníferas, el pueblo se llama Sequoia Falls porque allí se encuentra una de las secuoyas más viejas del mundo. Al ser un pueblo pequeño, donde la mayoría de sus habitantes son agricultores y ganaderos, su principal mercado son las frutas, verduras y la carne que venden en el mismo pueblo a las ciudades vecinas más pobladas como Seattle. Y, como dato curioso, Sequoia Falls aparece en una de mis otras historias.

Una herramienta que me fue muy útil a la hora de crear Sequoia Falls es Pinterest, donde encontré una infinidad de imágenes que se asemejaban a los lugares que tenía en mente. De hecho, hice un tablero para cada una de las protagonistas y estos incluyen algunos lugares mencionados en el libro; pueden encontrarlos aquí:

Crear ciudades o mundos imaginarios es un recurso que los escritores hemos usado desde siempre y, en mi opinión personal, lo considero como la forma más fácil de escribir algo fiel a lo que quieres trasmitir. H. P. Lovecraft inventó una ciudad llamada Arkham en Massachusetts, en la que situó la mayoría de sus cuentos, y resultó tan influyente que otros escritores también la usaron para sus obras. Gabriel García Márquez creó Macondo para Cien años de soledad. J. K. Rowling creó todo un mundo que, mientras leemos, es tan real como el lugar donde vivimos.

Como decía Picasso: si puedes imaginarlo, puedes describirlo y, por lo tanto, es real.

 

Grizzly

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