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Por Bárbara Guirao, editora de LES Editorial.

 

Podría hacer una crónica al uso del paso de LES Editorial por la Feria del Libro de Madrid, sobre las autoras que asistieron, de cómo fueron las firmas o cómo influyó la lluvia en la afluencia de público. Si nos has seguido por redes, ya sabes quiénes fueron, los horarios, qué libros se firmaron, y en breve compartiremos las fotos de las firmas. Así que, aparte de agradecer su asistencia a Stef, Elena, Patricia, Paula, Espe, Conchi y Rosi y a todas las personas seguidoras de LES que se acercaron a saludarnos o comprarnos algún libro, no voy a extenderme más en esta parte de la feria que, por descontado, es la más importante: el contacto entre autoras y público.

 

Hoy quiero hablar de qué me he llevado personalmente de la experiencia como expositora en la feria. No es la primera vez que LES firma en alguna caseta de la FLM y, aunque no haya estado siempre presente, en años anteriores nuestras autoras han pasado por las casetas de Berkana, Librería de Mujeres o Distriforma (nuestra distribuidora). También el equipo de LES ha vivido Sant Jordi dos años, ¡y los que nos quedan! Pero estar al otro lado del mostrador de la Feria del Libro de Madrid no es algo fácil de conseguir para editoriales pequeñitas como la nuestra. Si hemos podido asistir este año, ha sido gracias a una ayuda económica de los fondos europeos Next Generation para la asistencia a ferias concedida al Gremio de Editores de la Región de Murcia. De otro modo habría sido imposible, porque el reglamento de este año de la feria decía que las editoriales con menos de 80 libros en su catálogo no podían optar a una caseta, ni siquiera a una compartida.

 

De los 17 días que ha durado la feria, yo he estado 3 días completos, y ya solo con eso puedo asegurar que las ferias son duras. Y gratificantes. Compartir caseta con mis compañeros editores, con muchísimas tablas en esto de feriar, ha sido toda una master class de cómo vender libros o, más exactamente, de cómo encontrarle un libro a una persona o una persona a un libro. He sentido la hermandad del gremio y la satisfacción en el simple hecho de vender libros, sin importar que no fueran míos, en algo que va más allá de la mera transacción económica; una satisfacción que tiene que ver con la trascendencia de la literatura, con contar historias y con ofrecer tiempo de calidad para quienes disfrutan leyendo.

 

Y ahora voy a contar una anécdota de las que recolocan neuronas (o deconstruyen): de vez en cuando, sobre todo señoras de cierta edad, se interesaban por Las alsacianas (novela histórica con una trama de misterio y con un romance —sáfico— de trasfondo). En este punto tengo que recordar que estábamos en la caseta del Gremio de Editores de Murcia, en la zona de casetas institucionales, y que la mayoría de público acudía porque tenía algún tipo de afinidad con la región y, solo en algunos casos contados, conocían LES. Este no era el caso, así que yo sentía la necesidad de explicarle (o advertirle) a la señora en cuestión que en la novela había una relación sentimental de dos mujeres… Es que si no lo hacía, sentía que estaba omitiendo información esencial (como si engañara a la cliente), porque si no se especifica, por defecto, todo es heterosexual y se presupone heterosexual. Y aquí viene la gran lección que me llevé de la feria y de mi compañero Raúl: cuando él explicaba de qué iba el libro a la señora de turno, omitía el dato sáfico o, mejor dicho, solo hablaba de la trama. Yo le pregunté por qué y él me contestó: si la historia no gira en torno al hecho de que las protagonistas tengan una relación sentimental, ¿por qué pones ahí el foco? Si es una novela histórica en la que las protagonistas investigan la sospechosa muerte en combate del primo de una de ellas, ¿por qué cuentas más de lo esencial? ¿Por qué restringes tu público? Y, efectivamente, amigues: yo espanté a mi señora de cierta edad y él vendió Las alsacianas a su señora de cierta edad. Espero que la disfrute, estoy segura de que sí.

 

Ante ello solo puedo decir que, al menos las sáficas de mi generación, tenemos la etiqueta lésbica y el ser la otredad tan dentro que, por un lado, yo reivindico que nuestras historias son universales y, por otro, por inercia, tiendo a marcar explícitamente la etiqueta y la otredad… Tanto en LES como en la comunidad sáfica se ha tenido muchas veces este debate sobre si ponernos la etiqueta o no. Para mí, aún es necesario hacerlo, porque es una etiqueta que nos visibiliza para quien busca historias sáficas, pero si para el resto de personas sigue siendo una etiqueta que distancia de la obra, quitémosela para ellas, porque se están perdiendo historias que les van a gustar.

 

Así que, repitan conmigo (vale tanto para ferias como para tu amigue hetero): si la trama de un libro no gira alrededor de lo sáfico, ¿por qué señalarlo?

 

Nos leemos 😉

 

Bárbara Guirao

Las firmas de la FLM 2023