Por Mirelle Nathalie Aranguren, autora de Arreglándome la vida, una historia sobre la infancia, la idealización de la familia, de los recuerdos, sobre un amor que se creía olvidado…

 

 

Mezclando narradores

 

Al comenzar a escribir una novela o relato, tienes que tomar ciertas decisiones. Una de ellas es quién va a narrar la historia: ¿la protagonista?, ¿una testigo de los acontecimientos?, ¿o será mejor hacer una narración omnisciente?

Es una decisión muy importante porque la misma historia narrada desde diferentes perspectivas nos puede trasladar a mundos muy distintos. ¿Habéis probado a cambiarle el narrador a vuestro relato favorito? Es un ejercicio común en literatura que ilustra muy bien la importancia de que la voz narradora sea la adecuada. Y, en este caso, adecuada solo quiere decir que cumpla su función.

Os animo a que escribáis, por ejemplo, La gallina de Clarice Lispector, desde la perspectiva de su protagonista.

 

 

Arreglándome la vida se iba a narrar exclusivamente en primera persona, la de su protagonista principal, Cris. Sin embargo, al ir escribiendo la novela, al ir conociendo a sus personajes, fue necesario incluir otras voces. Decidí mantener la primera persona para facilitarle a lectoras y lectores percibir cómo los diferentes personajes experimentan el mundo. Otra opción hubiese sido ofrecer las diversas perspectivas desde una tercera persona. De hecho, me planteé alternar la narradora protagonista con una narración omnisciente, el resultado hubiese sido otro, hubiese supuesto un filtro a esas voces que, para esta historia en concreto, no encajaba.

Cambiar de narrador a medio camino no es lo más conveniente, requiere rehacer buena parte de las páginas, y, lo más difícil, tienes que encontrar las diferentes voces de los personajes.

 

 

Cómo se expresan, qué tipo de vocabulario utilizan, qué muletillas emplean con más frecuencia, si usan el lenguaje con delicadeza o no les importa dejar frases a medias… Esas son algunas de las cosas a tener en cuenta cuando intentas combinar distintos narradores.

Arreglándome la vida sería otra historia si solo hubiéramos conocido la versión de Cris, y, al final, es la historia la que decide cómo quiere ser narrada.

 

Si te gusta el uso original de la voz narradora, te encantarán estos libros

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