Cazar el caos
Capítulo 15 – La gran conversación
La Marquesa resopló y contempló, frustrada, como Rousse Barozzi invadía la mesa que con tanto cuidado había escogido en el Champagne Bar del Hotel Plaza. El mesero, un hombre rechoncho vestido de gris, se acercó con aspecto confundido. Emma le había descrito el aspecto de la mujer a la que esperaba y no era la rubia frente a la cual estaba dejando el menú con aire titubeante. —No es necesario —cortó la cantante señalando la larga carta que enlistaba la variedad de botellas y los entremeses de caviar—. La señorita se marcha ahora mismo… —Gracias —se apresuró a decir Rousse, arrebatando el menú al hombre que pretendía llevárselo de vuelta. Y, cuando se quedaron a solas, siseó en dirección de su prima—: ¿Qué se supone que estás haciendo? —No me refiero a eso. —Rousse se impacientó—. ¿¡Qué se supone que estás haciendo en Nueva York!? Deberías estar a diez mil metros de altura en un vuelo privado rumbo a Londres. —Lo he aplazado. —¿Aplazado? —Barozzi cerró la carta como si el papel apestara; ladró—: ¡Tienes que cumplir con un contrato! Los de la disquera están al tanto de que no subiste a ese jet y me llamaron preocupados. ¿Estás consciente de cuánto nos costó controlar el escándalo del concierto? Fuimos muy afortunadas, Emma, demasiado afortunadas. No lo arruines, te lo pido. La disquera fue muy clara en ese punto. No quieren más escándalos. Ya han soportado bastante contigo, así que ve por tus maletas y buscaré un vuelo comercial que te deje en Londres mañana temprano. —Rousse, eso no va a pasar. La Marquesa estuvo a punto de reír, como si la idea de una demanda millonaria no le afectase en lo más mínimo. —Mi trasero te agradece la preocupación, pero está muy bien donde está. Además, si la disquera no quiera más escándalos, sería estúpido de su parte demandarme a sabiendas de que eso enloquecería a mis fans. Y no hablo de la locura por comprar mis discos, esa que siempre ha tenido encantada a la disquera. —¿A qué te refieres? —Rousse seguía paseando la mirada por la página de la aerolínea, buscando un vuelo directo. La mayoría estaban agotados. Fue el turno de Rousse para soltarse a reír. Miró a su prima con incredulidad. —¿Crees que se van a tragar ese cuento? Esta gira ha sido la más corta de la historia del grupo. —Corta o no, tengo derecho a estar agotada. —Pero no lo estás. —Nadie que no sea yo puede confirmarlo. Barozzi resopló y dejó el móvil sobre la mesa. —Emma —pronunció el nombre con contundencia—, tu carrera pende de un hilo. ¡Qué digo un hilo! Pende de un bigote de gato. —¡Escúchame! Es hora de reconstruir el camino. La Marquesa suspiró. —Rousse —también pronunció el nombre con contundencia—, llevo más de una década dedicándome a escribir canciones, cantar frente a multitudes y hacer como si no me importase que me vean igual que a un maniquí en un escaparate. Si de algo estoy harta es de eso. Hablas de una carrera que hace tiempo dejó de interesarme. Emma entreabrió los labios, pero los cerró enseguida. Apretó la mandíbula y Rousse comprendió que había tocado un punto sensible, que había encontrado un hilo del cual tirar. —Como te salió en rima debe de ser cierto —repuso la Marquesa con ironía y bebió de su copa para luego agregar en tono sombrío y una mirada que hubiera hecho temblar a cualquiera, menos a Rousse Barozzi—: No intentes manipularme porque no te sale. Por supuesto que me importan las demás. Sé de los sueños de Ashley más de lo que sabes tú, pero lo que ahora tengo entre manos es más urgente que eso. —¿Y qué es eso que tienes entre manos? ¿Qué es tan importante como para quedarte en Nueva York? No me digas que sigues con el tema de Amaru. ¿Cuándo vas a madurar y olvidarte de eso de una vez por todas? —Mis temas no te incumben. —Soy tu mánager, todo sobre ti me incumbe, más si acercas el trasero a las brasas y está por quemarse. —Ninguna. La que está obsesionada eres tú. Deja atrás los dramas adolescentes. —Rousse resopló—. Por favor, Emma, ve a Londres, graba el disco y luego haz lo que quieras. —No necesito estar en Londres para escribir canciones. —Ashley está allá. Necesitan el estudio. —Lo sé, pero infórmale a la disquera de que escribiré las canciones por mi cuenta y que luego me reuniré con las demás para que se encarguen de la música. Me tomaré unas vacaciones para inspirarme y escribir. Da lo mismo si estoy en Londres o en París, las canciones solo necesitan ser entregadas en un tiempo preciso, ¿no? ¿Cuánto estaba estimado para eso? —Dos semanas. —Ya no creo en tus promesas. —Deberías creer en esta. Es lo único que puedo ofrecerte. —¿Quieres venderle a la disquera que vas a desaparecer para concentrarte en escribir? No son ingenuos… —De la venta te encargas tú, mi querida prima. Convéncelos de que el último escándalo me ha cambiado, que estoy dispuesta a reformarme, que tengo una racha creativa, que Nueva York me ha inspirado, que pienso hacer un homenaje a varias ciudades del mundo. ¡Yo qué sé! Sabes venderme mejor de lo que yo misma puedo. —Emma bebió de su copa, parecía entusiasmada—. Les encantará la idea sobre los temas inspirados en ciudades importantes. El disco se puede llamar Paradise cities. —Espero a alguien, Rousse, y si quiero que las cosas salgan bien, debes esfumarte. Además, tienes mucho trabajo por delante: volar a Londres, hablar con la disquera, conseguirme un mes —enumeró, alzando los dedos largos y delgados—. Cada semana les enviaré canciones nuevas. Seguro que con esa garantía no tendrán reparos. Emma llamó a alguien con la mano y, cuando Rousse se dio cuenta, Casandra estaba detrás de ella. Esa mujer siempre ponía nerviosa a la mánager, parecía un robot sin alma, un florero vacío, una casa abandonada. —Que tengas buena noche, Rousse —se despidió Emma. —Ni siquiera he probado la champaña… —¿Ves la hermosa barra que está por allá? Pide una botella, la pones a mi cuenta y te la llevas. Rousse se levantó tan molesta que casi derriba la silla. Se alisó el vestido y fue guiada por Casandra hasta la barra y luego, como era de esperar, hasta la salida del hotel. *** En 2006, antes de que su padre, el Marqués, la enviase al internado en Escocia, después de que el mundo se cayera a pedazos cuando Yzayana se enteró de que Emma le había estado ocultando el gran secreto sobre su parentesco; la Marquesa le había rogado a su madre que concertara una cita con Yza para que pudiera explicarle con calma por qué había hecho lo que había hecho. Liliam prometió hacer lo posible para que el encuentro entre las dos adolescentes se concretara, pero le advirtió a Emma de que el estado mental de Yzayana era muy frágil y que, si ella se negaba a verla, no insistiría. Sin embargo, a pesar de lo poco optimista que sonaba Liliam, Emma guardó la esperanza y se alegró al recibir una llamada de su madre citándola en cierto restaurante días después de aquella conversación. Su padre accedió a que madre e hija se encontrasen y la Marquesa se puso más guapa que nunca, intentó hacer algo con los ojos hinchados, y se marchó repasando las palabras que por semanas habían dado vueltas en su cabeza, la explicación que Yza se merecía, la que arreglaría las cosas entre ellas. Tanto le angustiaba no pronunciar las palabras correctas que le había pedido un bolígrafo a la mesera. Escribió lo que daba tumbos entre sus sienes en unas cuantas servilletas. Pero Yzayana nunca había llegado. Liliam entró al restaurante sin compañía y miró a su hija con expresión acongojada antes de informarle de que la chica no quería verla. La Emma adulta deseaba decirle a la desconsolada Emma adolescente que el «nunca» puede transformarse en una fecha del calendario. Porque allí, caminando con pétreo talante, venía Yzayana. La chica que pronunciara ese «nunca» había aceptado, finalmente y por su voluntad, reunirse con la Marquesa y tener la gran conversación que tenían pendiente desde hacía trece años. Emma observó la servilleta donde descansaba la promesa infantil de un día perfecto y la guardó fuera de la vista. El mesero se apresuró a retirar la silla para que Yza tomara asiento en una postura que intentaba ser relajada, pero que, a juzgar por las líneas tensas que se dibujaban bajo la piel del cuello desnudo y en cómo se acentuaban los huesos de su clavícula, era todo menos eso. Le echó a la Marquesa una mirada franca y desafiante antes de revisarse el moño, como si temiera que en el trayecto de la puerta hacia la mesa se le hubiera deshecho. —Nos hemos vestido para el Black and White Ball de Truman Capote —comentó, señalando el vestido blanco hueso que lucía Emma y el suyo, que era negro y se adhería tan bien a sus curvas que algunas miradas permanecían fijas en ella, aunque se hubiera sentado. Yzayana carraspeó y, rehuyendo sus ojos, le dijo: —Fue un baile que Capote ofreció en el apogeo de su carrera, allá en 1966. Lo llaman «El baile del siglo», lo que indica la repercusión que tuvo en la vida social del Nueva York de ese entonces. A sangre fría había tenido un éxito asombroso y alguien dijo que Truman había prometido dar una fiesta para sus amigos de la alta sociedad cuando perteneciera a ella. Lo hizo aquí en el Hotel Plaza. Emma le dio un sorbo a su copa, fingiéndose pensativa. —Creo que ahora recuerdo aquella historia —dejó caer—. Asistieron varias personalidades de la época. Frank Sinatra, Mia Farrow, Andy Warhol… —Quinientos en total. Quinientos nuevos amigos para Capote. —Y quién sabe cuántos enemigos entre todos los que dejó fuera. El mesero, que había esperado pacientemente que terminaran aquel preludio, le entregó el menú a Yzayana. —Quiero agua mineral y caviar —dijo ella, echándole un vistazo. El hombre arrugó el entrecejo y miró a Emma sin comprender, para luego dirigirse a Yza y aclararle que se encontraban en un bar de champaña —tal como la alta estantería tras la barra, adornada con carísimas botellas del líquido ambarino, dejaba en claro— y que podían ofrecerle una gran variedad de opciones de dicha bebida. —No entré aquí pensando que era una tienda de mascotas si a eso se refiere —indicó la periodista sin perder el tono tranquilo—. Simplemente no bebo alcohol. ¿Sería tan amable de traerme lo que le pedí? El hombre se notaba indignado por la petición, pero asintió. Emma rio por lo bajo e Yza le lanzó una mirada de exasperación. —Fue muy petulante explicándome de qué va este sitio. Tal vez confundió mis ojos con linternas ciegas. —Temía sacarte del hotel. No queremos una horda de fans persiguiéndote por la ciudad. ¿Sabes lo que me ha costado entrar con todas ellas esperándote afuera? Ni una tormenta de nieve las movería de su sitio. —Si usas el término «horda» imagino que me siguen con antorchas y el objetivo claro de quemarme viva. Yza contuvo una risotada y repuso: —Esa es tu conciencia, no mi palabra. Supongo que no te has recuperado de que hace poco hayan intentado cancelarte. —Prefiero este. —Lo dice la mujer que me regañó por «haber ventilado nuestros secretos en mis canciones». ¿No crees que cualquiera podrá escucharlos si los discutimos en un lugar tan concurrido? —Lerroux… Yza mantuvo por un segundo la cara de póker antes de extender una sonrisa desafiante e inclinarse sobre el filo de la mesa. Traspasó a Emma con una mirada salvaje antes de articular en tono sedoso: —Me suena a que intentas engañarte, Princesa. —Emma sonrió y clavó los ojos grises en los labios de Yza—. ¿Has olvidado las palabras que intercambiamos? —Fue un momento de debilidad… —Si tan solo fue un momento, entonces no debes tener reparos en acompañarme a mi suite. Tengo una terraza que no he usado, una vista de la ciudad que debería aprovecharse, y toda el agua mineral que puedas beber. *** Con Nueva York como telón de fondo, La Gran Conversación estaba a punto de empezar. —Lo siento —articuló—. Sé que tú, entre todas las personas, puedes entender lo difícil que es hablar de esto. Yza suavizó la expresión. Sus ojos, antes duros como dos piedrecillas de oro, lucieron aquel destello dulce que Emma había perdido de vista años atrás. Esa especie de milagro brotando del pozo de un ser salvaje y adusto, fascinante si lograbas atisbarlo. Emma hizo una pausa. Yza se veía afectada y no era para menos. Se abrazaba a sí misma y tenía la mirada perdida en el vacío. —Si esto es demasiado… —pronunció la Marquesa. —No es demasiado, puedes continuar. —¿Estás segura? —Continúa, Lerroux… —indicó la periodista con la voz ahogada. Emma no lo hizo de inmediato. Se levantó y prendió la hoguera que se interponía entre las butacas que ocupaban. Además, tomó una manta, de las que dejaba el hotel en el balcón para los huéspedes, y cubrió los hombros de Yzayana con ella. —No puedo continuar si te veo temblar así. —Tú sabes que no tiemblo de frío. —Lo sé, pero de todas formas… Yza asintió y clavó la mirada en las llamas. —¿Y tú aceptaste sin más envolverme en esa mentira? Emma movió la cabeza negativamente. —La anciana y yo tuvimos una gran discusión al respecto. Amenazó con expulsarme de la academia si no aceptaba sus términos. Por días tuve el impulso de contártelo todo. Seguramente no lo notaste, porque estabas sumergida en el dolor de la pérdida, pero yo te vigilaba. Me acercaba a tu aula o te seguía en la distancia. Sabía que de cierta manera te ahorrábamos dolor, porque hablarte de tus orígenes era hablarte de Marcus, del daño que nos había hecho, daño que no recordabas. Pero intuía el abismo que se abría frente a ti y lo grande que se hacía cuanto más demorásemos en revelarte la verdad. Entonces opté por alejarme. Intenté mantenerme fuera de tu radar… Emma sonrió con tristeza. Emma también miraba el fuego. Recordaba la batalla que había librado contra su conciencia, contra su lógica, lo que había luchado por frenar a su corazón, por contarle lo antinaturales que eran sus sentimientos. Pero cada vez que tenía a Yzayana cerca, cada vez que esta mostraba aquella dulzura que tanto había amado Emma en su niñez, todas las barreras que se esforzaba por levantar se rompían. —Lo sé. Te condené al mismo sufrimiento por el que yo estaba pasando. ¿Crees que fue fácil aceptar que me había enamorado de ti? ¿Que el cariño que sentía por ti se había transformado en eso? Yo era consciente de lo que significa, me sentía enferma, y por semanas luché por remediarlo. La noche del baile intenté cuidarte y me besaste por primera vez. Me marché de la academia con la idea de no volver. Pensé en mudarme con mi padre, asistir a un internado europeo, olvidarme de ti, de todo, para siempre, pero irónicamente fue Rousse quien me convenció de volver… —¿Sabes lo que esa maldita me hizo la noche del baile? Ambas guardaron silencio. Un leñó se rompió y las brasas se alzaron rojas hacia la negrura de la noche neoyorquina. —Cuando regresé a la academia, me mantuve fría y distante. Pero el día de los fuegos artificiales, del desfile, de las bombas lacrimógenas, me salvaste de aquel idiota que me manoseó y no pude resistir más. Cuando te llevé a la cueva en la montaña, mi intención era contarte la verdad, allí en la oscuridad, para no ver la expresión asqueada que pondrías, el odio en tu rostro, yo qué sé. Al final no tuve el valor. Preferí seguir con la mentira que perderte. —Tienes razón. No puedo seguir huyendo, pero no del destino, sino de mi pasado. Pensé que, enterrándolo, construyendo otra yo, podría escapar de él, pero no dio resultado. Sigue latente debajo de mi piel. Hoy vine a escucharte para superarlo de una vez por todas. Y creo… creo que puedo entender por qué actuaste como actuaste… Yza levantó la mirada hacia los edificios, pero el fuego seguía haciendo destellear sus ojos dorados y añadió: Emma había ansiado escuchar esas palabras por demasiado tiempo y casi no creyó que lo estuviera haciendo. Sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas y tuvo el impulso de tomar entre sus manos las de Yzayana, pero algo en la expresión de la periodista le hizo arrugar el entrecejo. —¿Hay un «pero» en ese perdón? —preguntó muy a su pesar. —¿Tu prima…? —Mi prima y mi colega. Haremos la investigación juntas. Iremos detrás de ese monstruo, lo llevaremos ante la justicia. —Espera, no vayas tan rápido… ¿A qué te refieres con «mi prima»? —Que somos familia y actuaremos como tal. No quiero una relación que sea de otra índole. Sin insinuaciones… —Emma, por favor, no lo arruines. La Marquesa resopló, se levantó y se sirvió una copa. Se la bebió de un trago. Su pecho estaba acelerado, necesitaba calmarlo. Había pensado que una vez que cerraran la enorme grieta que había quedado abierta en el pasado, podrían darse una oportunidad para vivir aquello que dejaron inconcluso. ¿Había sido demasiado ingenua al esperarlo? —¿Quieres una copa? —le preguntó estúpidamente a Yza. —Sabes que no bebo. —Podrías hacer una excepción. —No lo haré, Lerroux. Si quieres servirme algo, que sea agua mineral. —Quisiera tener tu fuerza de voluntad. —Tal vez te pueda ayudar con eso. —¿Cómo? —Si vamos a trabajar codo con codo, tengo algunas condiciones. —¿Cuáles son? —No hablas en serio —soltó Emma con incredulidad. —Hablo muy en serio. Esta investigación es peligrosa y quiero confiar en que tengas los cinco sentidos puestos en ella. —Llevas años trabajando con Victoria que, por lo que se rumorea, bebe como un cosaco. —Victoria es mi jefa, no puedo hacer nada al respecto, pero tú serás mi compañera de investigación. Una investigación peligrosa, además. Mi vida depende de qué tan sobria estés para tomar decisiones. Emma apretó la mandíbula. ¿Cómo iba a prometer eso? Llevaba años luchando contra el alcoholismo sin resultado. No podía solo venir Yzayana y prohibirle beber. —Espera —la detuvo Emma—. ¿Estás consciente de lo difícil que me resultará? He intentado dejarlo antes, pero… —Para mí también será difícil trabajar a tu lado. Ambas tendremos que hacer sacrificios. —No dije eso. Como ya aclaré, estoy emprendiendo el camino para perdonarte. Contigo tan cerca, recordándome todo lo que sucedió, será más difícil. La Marquesa se quedó pensativa. Intuía que Yzayana ocultaba algo, que no era del todo sincera, que tal vez temía que el tiempo juntas avivara lo que sentía por Emma, algo muy alejado al cariño filial. Decidió no insistir más. Yza había dado un gran paso, no quería arruinarlo. De todas formas, el objetivo era que pasaran tiempo juntas, prácticamente a solas, y volvieran a conectar la una con la otra. —Está bien —aceptó a regañadientes—, si no beber es el sacrificio que debo hacer para que trabajemos juntas, lo haré. Yzayana se acomodó en la silla y Emma le sirvió agua mineral antes de preguntarle por el contenido del cofre. La periodista le contó lo que la Marquesa ya sabía a grandes rasgos gracias a la carta de Olga Barozzi. —¿Crees que el contenido del cofre sea suficiente para inculparlo? —La abuela me habla de la red en su carta. Debió de tener pruebas… —Pues en el cofre no están. Aunque hay una tarjeta con la dirección de un banco en Nápoles y menciona el número de una caja de seguridad. Pero si no tenemos la llave, creo que poco podremos hacer. —Tengo la llave. La abuela me dejó una llave. No sabía qué abría, pero estoy segura de que debe de ser esa caja de seguridad. Tal vez las pruebas que necesitamos estén ahí. —La abuela nunca dejaba las cosas importantes en un solo sitio. Siempre decía que, si quieres guardar algo importante, debes fragmentarlo y depositarlo en lugares distanciados entre sí. Emma se echó a reír y la tensión del ambiente se disipó un poco. —Entonces lo más probable es que en la caja de seguridad encontremos el resto de las pruebas —dijo Yza. —U otra parte de ellas —apuntó Emma. —La abuela no nos lo iba a poner fácil, ¿verdad? —Suspiró la periodista. —Nápoles es la ciudad más peligrosa de Italia. Le diré a Casandra que reúna protección extra. —Sobre todo si la famosa Emma Lerroux está en riesgo. —Viajaré disfrazada si eso es lo que te preocupa. —No sé si será suficiente. Un teléfono comenzó a sonar. Era el de Yzayana. Se levantó y se alejó hacia la esquina de la terraza para contestar. Emma la esperó, bebiendo lo que pensaba sería su última copa de vino. —Tengo otra condición para este viaje —dijo Yza después de colgar y acercarse. Hablaba con atropello. —Cuéntame. —Becca está esperando en el lobby. Necesita que llames a recepción y autorices que suba aquí. —¿Por qué haría eso? *** —Yzayana acaba de decirme que quieres acompañarnos —pronunció en dirección a Savard—. Si te soy sincera, no entiendo de dónde ha salido eso. —Miró a la periodista—. ¿Becca sabe los detalles sobre nosotras? —Lo sé todo —acotó Savard—. Sé cada detalle. —Y quiere ayudarnos. —No voy de turista —intervino Becca—. Creo que te lo mencioné antes, tengo el grado en periodismo y puedo ser de mucha ayuda. —Tu novia y yo estamos poniendo en riesgo nuestras vidas. Voy a contratar seguridad adicional para que nos proteja. Cuantas más personas vayan al viaje más nos arriesgamos a llamar la atención. —Una persona más no nos volverá vulnerables —antepuso Yza. —Pregúntale a tu novia si, en un partido de basquetbol, le daría igual jugar contra un equipo de seis en vez de uno de cinco. —Está bien —aceptó a sabiendas de que no tenía otra salida—. Puedes venir con nosotras, Savard. Te advierto de que no será un paseo por la Toscana. —Seré de ayuda —insistió Becca. —Entonces solo queda definir cuándo viajaremos —apuntó Yza. —Antes de eso debemos visitar a alguien —dijo Emma, sombría. —¿A quién? El rostro de Yza también se ensombreció. —¿Iremos a la cárcel? —preguntó Becca con rabia en la voz. —No está en la cárcel —dijo Emma. —¿Cómo que no? —Está en un centro psiquiátrico. —¿Por qué quieres visitarlo? —preguntó la periodista, titubeante. —Tal vez sepa algo sobre el paradero de su padre. Pero si no estás lista para verlo, puedo ir sola. Yzayana tomó aire tan profundamente que casi parecía que estaba absorbiendo el fragor de las llamas. —Estoy lista —aseguró.

Esto es opinión de steff
Estoy nerviosa, como si la gran conversación fuera conmigo
Huyyy primer vez llegando puntual
JAJAJAJJAJA TOMA ESO PERRA
Eres Emma Lerroux, seguro tienes el trasero de diosa 🤭😬
Me dolió, pero me duele más un México corrupto.
No estoy llorando, para nada
Ay Dios mío kemoción, espero que la Yza y la Emma hagan el frutifantástico en este cap JAJAJAJAJAJJA
Lo admito, si estoy llorando.
Same, Yza pisame
Yo también estoy obsesionada con tu trasero aunque no lo he visto, pero debe ser hermoso
Hasta parece que fue ayer cuando leí eso.
Ptmrrr
No me lo esperaba, no me gusta este giro
Hasta a mi me dolió ushhh Béccar, mira que haces alliiii
No me gusto nada el fin de este capitulo, nos bajaste de la nube Stef Emma💔🥺
y tu trasero se va a largar del bar porque nadie te aguanta estúpida
va hacer 18 meses de descanso como 1D😍😍😍
No voy a llorar, no voy a llorar
Pinché Emma, su poder de diosa me logra poner nerviosa hasta a mi
Sáquese Rousse(?
Nooo mms
Mi corazón 💔
Esas palabras aún duelen
La herida se abre
Uhh,la disquera…esos si q controlan a sus artistas 😞😞😞
Ese capítulo de Armonía secreta en el que hablaron de su futuro fue el que más amé y el que más me dolió.
Se hace la visticma la Emma 🙊🙊
Jajajaja,si cierto 🤔
Golpe bajo….
Sospechoso.
eso… muerde el cebo
Q hdp es Rousse😒😒😒
Es normal que pegue un grito con cada párrafo y comentario entre estas dos?
Y el siguiente capitulo ?
Pero Yza-
Jajakaks uhh🌚🌚🌚🌚
Vende humo es Emma 🙄🙄
Jajajaja uff👀
Emma? mi droga 😭✊🏻✊🏻💖💖
JAJAJAJAJAJA la echaba!!! Me encanta!
😂🤣🤣🤣
😭😭😭😭😭😭😭😭😭😭😭😭😭😭😭😭😭😭😭😭😭
Xq.me haces esto??💔💔💔💔💔
No los gatos pescadores…🥺🥺🥺🥺💔
NO JODAS, noo 😭
Hasta a mi me dolió
😭😭😭😭🥺🥺🥺
🥺🥺😍
Owww 🥺🥺
No se anima decirle 😭
🥺
Jajaja same .
Ay par favar, ambas sabemos que deseas a tu prima
Uhhhhh🙊🙊🙊
Ahhhhhhhhhh 🙊🙊🙊🙊🙊🙊
Jakakakak,seeee, claro. Dile eso a tu bañera 🙊🙊