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El español es un lenguaje muy generizado y, cuando quieren dar el paso de intentar empezar a cambiar su forma de hablar (y de pensar), muchas personas descubren que les cuesta demasiado. Es importante darse cuenta de un aspecto: por mucho que te cueste, si estás a hablando de personas no binarias que utilizan la desinencia de género –e y refiriéndote a elles con un género que no es el suyo, les estás malgenerizando. Es decir, no hay excusa que valga y está en tu mano responsabilizarte y cambiarlo o seguir violentando profundamente a esa persona.

Las personas no binarias no nos deben explicaciones y pedagogía. Solo quieren que se respete su identidad y la expresión de género que han elegido para sí mismas, así que, por favor, no te dediques a justificar tus errores con “es que no estoy acostumbrada” ni las bombardees con dudas y preguntas lingüísticas que van a generar más incomodidad que otra cosa (a no ser que ya conozcas a esa persona y tengas su permiso para hacerlo, claro). Es natural que, al pasarnos toda la vida utilizando un idioma tan binario como el español y vivir en una sociedad con tantísima enebefobia, nos sintamos torpes, incapaces o cometamos errores con el lenguaje no binario, pero eso no debe recaer en la persona o personas no binarias en cuestión.

Por eso vamos a dar algunos tips que podrían serte útiles, al menos que a mí me sirvieron y me sirven para dejar de pensar de forma tan binaria y acostumbrarse al lenguaje no binario. Puede ser una buena idea empezar utilizando un lenguaje no binario indirecto, es decir, evitar marcas de género siempre que se pueda optando por expresiones neutras y/o invariables. Un ejemplo muy evidente sería decir que alguien es “una persona lista” en lugar de “listo/a”, ya que ahí la concordancia de género va con persona, que siempre es una palabra femenina. Otro, usar palabras colectivas como “alumnado” en lugar de “alumnos/as” o “todo el mundo/todas las personas” en lugar de “todos/as”. Hay muchas más opciones y pueden servirte para empezar a buscar alternativas, salirte un poco del molde y pensar de otras formas.

Este no es un cambio difícil, pero a medida que lo haces te darás cuenta de sus limitaciones y de lo ridículamente generizado que está nuestro idioma. No siempre podrás expresarte como es debido y llegará un punto en el que verás que es absurdo insistir en ello cuando es mucho más correcto y sencillo utilizar el lenguaje no binario directo (-e) igual que se usa la -a/-o (y otras variantes). Esta diferenciación entre directo y no directo no es mía ni mucho menos, sino de le filólogue Ártemis López, tal y como se explica en nuestro librito Amigue, date cuenta, de Gabriel D’Artemius. En él también vas a poder encontrar propuestas de uso para flexionar en neutro distintos tipos de palabras, así como otros aspectos relevantes, sus ventajas y problemas, así que es mucho más recomendable que lo leas si quieres empaparte bien.

Así que has dado el paso de querer utilizar este lenguaje, que es el que realmente visibiliza a las personas no binarias y respeta su elección (en el caso de que su preferencia de pronombre sea elle). Pero “te suena raro”, “no te haces a él”, “tienes miedo de equivocarte”… Bueno, esto como todo, es práctica, nadie nace aprendide. Un tip para coger costumbre y perder el miedo al error es emplearlo en momentos/situaciones en las que sabes que no vas a dañar a nadie si lo haces mal. ¿Cómo? Puedes utilizarlo con objetos inanimados. De verdad, simplemente di cosas como “voy a coger une vasite de agua”. ¿A quién le importa? Es un objeto, no tiene sentimientos y eso te permite experimentar. Si lo que necesitas es más hablarle a alguien pero “te da cosa”, hazlo con animales, con tu mascota, por ejemplo, porque a ella le da igual el género con el que la llames.

A la hora de escribirlo a mí al menos me sale mucho más naturalmente, pero también es una cuestión de práctica. Depende también mucho del contexto, ya que en ámbitos formales es probable que no te permitan (o permitas) utilizarlo, pero en ámbitos informales, por ejemplo, en redes sociales, wasaps… Es un buen lugar para empezar a ponerlo en práctica. En entornos LGBT+ será visto con relativa normalidad y llegará un punto en el que se te empiece a colar en otros sin que te des cuenta. A lo mejor tienes la suerte de tener grupos de amigues que son un lugar seguro para empezar a emplearlo sin juicios.

Al fin y al cabo el lenguaje no binario no es perfecto ni pretende serlo, se va construyendo sobre la marcha. Experimentar con él y buscar nuevas soluciones también forma parte del aprendizaje. Pero es crucial dirigirse a cada persona de la manera en que esa persona haya elegido y te corresponde a ti cumplir con esa parte si no quieres contribuir a que sufran más violencia. ¡Solo es cuestión de voluntad y práctica!

Aprende más sobre el lenguaje no binario

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¿Alguna vez te has preguntado qué narices es eso del lenguaje no binario? ¿Es lo mismo que el lenguaje neutro o el inclusivo? ¿Sabes perfectamente qué son, pero te gustaría saber cómo utilizarlos? ¿Tienes curiosidad sobre cómo se usa el lenguaje no binario y para qué puede ser útil? Si quieres conocer en qué se diferencia del lenguaje inclusivo y cómo se complementan uno con el otro, ¡enhorabuena, has dado con el libro correcto!

En los últimos años se ha popularizado el uso de los lenguajes inclusivos, ya sea por eliminar las marcas de género para evitar desigualdades, o para nombrar realidades como la de las personas no binarias. Sin embargo, no todos los inclusivos son iguales, y el lenguaje no binario tiene ciertos desafíos gramaticales para les hablantes.

Escrito con un lenguaje accesible para gente que no está acostumbrada a la lingüística, Amigue, date cuenta se plantea como una guía para quien desea aprender a utilizarlo correctamente y sirve como rampa para quien quiere ir un paso más allá y conocer su gramática, con ejemplos de uso y una visión histórica de su existencia como forma de solucionar problemas existentes en la lengua.