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Abril es el mes de la Visibilidad Lésbica, pero también del Día Internacional de la Asexualidad, que tuvo lugar el pasado 6 de abril. Estas dos cosas pueden ir juntas, pero dentro de nuestra comunidad sáfica el espectro ace sigue siendo un desconocido para muchas. Se habla poco del tema y a menudo de forma residual. Para algunas incluso son cosas incompatibles, pero esta es una idea que solo puede nacer del desconocimiento y la acefobia interiorizada, así que vamos a darle algunas vueltas.

Piensa un momento en cómo defines tú ser lesbiana. Para muchas personas lesbiana significa sentirse atraída sexualmente por mujeres, por tanto una persona asexual (es decir, que no siente atracción sexual) quedaría consecuentemente fuera del lesbianismo. En realidad la atracción sexual no es la única que existe y que te gusten las mujeres puede implicar otras atracciones: romántica, sensual… Es decir, que puedes no querer tener sexo con señoras, pero pueden gustarte las señoras y querer tener relaciones de distinto tipo con ellas.

Además, el espectro ace no solo incluye a las personas asexuales (de ahí que se denomine espectro) sino a distintas identidades que se sitúan entre el extremo asexual (no siente atracción sexual) y el extremo alosexual (sí la siente). ¿Qué significa esto? Que hay matices. Una persona demisexual, por ejemplo, no siente atracción sexual primaria, sino secundaria a consecuencia de desarrollar algún lazo emocional con esa persona (que podría ser de atracción romántica, pero no necesariamente). Una persona grisexual puede sentir atracción sexual pero bajo determinadas circunstancias o en momentos muy específicos. Estas son solo algunas etiquetas dentro del espectro ace. Así que, resumiendo, puedes ser lesbiana asexual, lesbiana demisexual, lesbiana grisexual… y también lesbiana alosexual, claro, pero esto casi nadie lo especifica porque, al ser la norma, se toma como “lo normal”.

¿Cómo se traslada esto a las vivencias personales en un mundo tan sexualizado como el nuestro? Lo cierto es que con la forma en la que socialmente se percibe a las lesbianas parece que no hay claroscuros: o se nos imagina como seres incapaces de tener deseo sexual y follar que como mucho se cogen de las manos, porque, ya se sabe, sexo sin hombres no es sexo o algo así; o como mujeres hipersexualizadas construidas desde el deseo masculino y que a veces, incluso, “roban” mujeres a los hombres, es decir, el mito de la “lesbiana depredadora”. Esto lo podemos ver tradicionalmente en la ficción, que por suerte también ha ido abriéndose con el tiempo a otro tipo de representaciones más diversas y contemporáneas. ¿Pero dónde queda la asexualidad y su espectro en este abanico?

Resulta que es que es prácticamente imposible encontrar representación de sáficas asexuales en distintos productos culturales porque, de hecho, ni siquiera es fácil encontrar representación asexual. La visibilidad de las identidades ace (y arrománticas, si sumamos también el espectro romántico) parece algo que está llegando tarde, casi a cuentagotas y solo en los últimos años, así que ni hablemos de imaginar lesbianas que puedan caer en esta categoría. Y casi siempre en inglés, en español el mercado sigue sin ofrecer demasiadas alternativas. Como editorial dedicada al público sáfico podemos contar con los dedos de las manos los manuscritos que nos han llegado donde se contemplaba esta posibilidad. Y, entre ese pequeño porcentaje, todavía hay que hacer un cribado para ver lo que consideramos publicable e interesante para nuestro público.

Estamos empeñadas en cambiar esto. Queremos lesbianas y sáficas ace y las queremos en todo tipo de historias. Porque la literatura sáfica también puede escribirse desde lo ace, representando así la diversidad de nuestro colectivo. Así que si has escrito algo con personajes ace y sáficos, anímate a enviárnoslo. Y ante todo, ¡feliz mes de la Visibilidad Lésbica y feliz mes de la Visibilidad Asexual!