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Seguro que ya lo habéis leído o escuchado, es la última serie de moda, la “serie esa de los gais del hockey”: Heated Rivalry. Es el último gran éxito LGBTQ+ basado en un libro del mismo nombre escrito por una mujer, pero… esperad un momento, ¿LGBTQ+ o gay? Porque es muy común que se utilice gay como sinónimo del colectivo, pero resulta un poco tramposo para el resto de identidades, sobre todo al no tener el mismo tipo de visibilidad y de aceptación pública.

Seamos sinceres: nuestra sociedad y cultura es androcéntrica, los hombres siempre han sido quienes llevaban la voz cantante y protagonizaban las historias, con una cierta asunción de universalidad, es decir, el hombre (cishetero y blanco más concretamente) era el sujeto universal. Por mucho que las cosas hayan mejorado y se haya dado paso a otras perspectivas, la presencia no es ni mucho menos equitativa. Y, nos guste o no, dentro de las minorías también hay minorías, o lo que viene a ser lo mismo, dentro de la comunidad LGBTQ+ también hay jerarquías. Generalmente la G ha ido por delante de otras realidades en cuanto a visibilidad, estamos hartes de escuchar “Orgullo Gay” para definir a una fecha que debería ser sobre todes, pero, por supuesto, incluso dentro de la G cuanto más te acerques a un modelo mainstream y normativo mayores posibilidades tendrás de ser aceptado.

¿Y por qué decimos todo esto? Porque no creemos que sea casualidad que las historias de romance aquileano tengan siempre más éxito que las de romance sáfico. El público heterosexual las acepta y las celebra mucho más y, en general, que una serie como Heated Rivalry rompa el techo de cristal y se convierta casi en un nuevo fenómeno (algo que tiene una importancia de representación para hombres gais y bisexuales que, obviamente, no vamos a negar) entra más dentro de lo posible que una de las “nuestras”. De hecho, Heated Rivalry, Heartstopper… ¿Os suena algo similar con una pareja sáfica? Y, por favor, no me digáis The L Word porque más de nicho no pudo ser. Que es cierto, en Heartstopper hay una pareja sáfica y otros personajes del colectivo, pero no son les protagonistas. ¿Y genuinamente pensáis que si fuese al revés y las sáficas fuesen las protas el éxito hubiese sido el mismo? Sed honestes.

Que me diréis… de acuerdo. Pero es que los libros de Heated Rivalry, Heartstopper y compañía están escritos por mujeres. Nada nuevo, por otro lado. Las mujeres son quienes mayoritariamente escriben romance y el éxito de los ships gais entre las mujeres hetero es más que conocido. Si entráis en cualquier plataforma online de fanfiction las historias con ships M/M (dos hombres) superan por mucho en popularidad a los ships F/F (dos mujeres) y es casi imposible encontrar uno que esté escrito por un hombre. Hace relativamente poco vi unas declaraciones del director de Heated Rivalry que explicaba esta preferencia y venía a decir que a las mujeres les gustaba ver cómo dos hombres exploran su intimidad y vulnerabilidad emocional con ellas fuera de la ecuación porque eso las hacía sentir seguras. Es decir, que como la violencia machista es algo tan presente en tantos aspectos de nuestra vida, la “única forma” de ver a un hombre sin temor en una relación es no estar presentes en dicha relación. Esta idea me pareció bastante terrorífica (cierta o no, ahí ya no me meto), por no decir que creo que no tiene en cuenta la forma en la que esa violencia va más allá del aspecto romántico/sexual. Como si las lesbianas no pudiésemos sufrirla.

En última instancia creo que deberíamos admitir que esta forma de ver las cosas es seguir centrando las narrativas en los hombres, hombres aquileanos, sí, pero hombres. Sigue siendo una perspectiva androcéntrica. De forma quizás un poco ingenua, he visto que muchas mujeres asumen que son LGBTfriendly porque les gustan los ships entre hombres, para luego demostrar una inmensa lesbofobia y/o transfobia si las sacas de ahí.  Esto me parece peligroso, porque lo he visto con mis propios ojos. También debemos reconocer como sociedad que las mujeres seguimos teniendo (en mayor o menor medida según el caso) mucha misoginia interiorizada y que este es un componente que no se puede desligar de la aceptación prioritaria que tienen los romances aquileanos por el público generalista.

Dicho todo esto, nada en contra de Heated Rivalry, sus protagonistas o sus aspectos positivos; pero haríamos bien en analizar por qué hay realidades del colectivo LGBTQ+ más aceptables que otras. Y por qué no es una visibilidad que sirva como paraguas para todas y para ponerse la chapita de LGBTfriendly. Tal vez es porque nosotras estamos cansadas de que nos digan que las historias sáficas “no venden” y de tratar de que se tengan en cuenta en el mismo grado y con la misma importancia que otras, de sacarlas del nicho en el que a veces “inconscientemente” nos meten, de que las borren o las cancelen o las infravaloren. Ojalá un día cambie(mos) lo suficiente.