La Navidad es una época que tradicionalmente se identifica con la familia, con pasar tiempo con los seres queridos y despedir el año disfrutando de les tuyes en algunas fechas señaladas. Socialmente se ha construido toda una narrativa y unas costumbres que, a menudo, nos hacen olvidar que no todo el mundo tiene la misma familia (si es que la tiene) ni disfruta de las mismas facilidades estos días. En el colectivo LGBT+ la palabra “familia” evoca históricamente mucho más que los lazos nucleares tradicionales.
Seguro que alguna vez has escuchado la expresión “familia elegida”, es decir, aquella que va más allá de las redes de parentesco clásicas, son personas que se eligen mutuamente formando una comunidad de apoyo y protección. En la comunidad LGBT+ la familia elegida ha reemplazado en muchas ocasiones a la familia biológica, que te puede rechazar por tu orientación sexual e identidad de género. Frente a este desarraigo, los vínculos que se establecen a veces con otras personas LGBT+, amigues o seres querides, terminan sustituyendo a la familia de origen, creando un espacio seguro para la expresión de la identidad y el amor incondicional. Un ejemplo muy documentado y conocido ocurrió durante la crisis del sida/VIH en los años 80 y 90, cuando los sistemas de apoyo dentro de la comunidad LGBT+ fueron fundamentales y muchas personas contagiadas y enfermas encontraron en ellos el sustento emocional e incluso material que necesitaban.
El académico Samuel A. Chambers ha estudiado este tipo de vínculos desde una noción queer y radical de la familia que va más allá de la idea de “simple elección” que se suele utilizar. Este autor denominó a la idea clásica de familia con la noción de “sanguinupcial”, es decir, aquella definida en torno a los lazos de sangre y el matrimonio. Así que la descendencia biológica y heteronormativa es clave, ya que tradicionalmente ambas cosas estaban ligadas a esa estructura familiar. Es cierto que, a día de hoy, en muchos países se ha legalizado el matrimonio entre personas del mismo género y normalizado la adopción o concepción para muchas parejas de este tipo, pero no siempre fue así y, de hecho, en el Hollywood clásico fue famosa la existencia de los matrimonios lavanda (cuando una mujer lesbiana y un hombre gay se casaban para mantener las apariencias de cara al público, pero después hacían un poco la vida por su cuenta). También era muy habitual que en la comunidad LGBT+, mujeres sáficas y hombres aquileanos llegasen a acuerdos para formar una familia, con lo que después la criatura podría tener dos madres lesbianas y dos padres gays, por ejemplo.
El rechazo y la expulsión de sus familias de origen que han sufrido históricamente las personas LGBT+ es una realidad constatada y dolorosa. La reacción de la propia comunidad para acoger a dichas personas (a menudo muy jóvenes y sin lugar a donde ir) es la otra cara de la moneda. En la cultura ballroom (desarrollada en las primeras décadas del siglo XX, pero sobre todo en la década de los 60-70 en Nueva York) las personas LGBT+ racializadas (fundamentalmente negras y latinas) se empezaron a reunir en grupos llamados “casas” para participar en competiciones de baile clandestinas, pero estas casas eran mucho más que grupos de baile, ya que se constituían como verdaderas familias con personas que convivían juntas y tenían un fuerte sentido de comunidad y de celebración de la identidad. En la escena drag, tan ligada al legado de la ballroom, es habitual que las drag queens se organicen en familias donde tu madre drag es aquella que te introduce en el mundillo y te acoge bajo su ala o protección.
Y podríamos seguir dando ejemplos y ejemplos porque, por desgracia, todes conocemos a alguien dentro del colectivo que no se lleva muy bien con su familia o que ha cortado lazos con ella después de malas experiencias. El constante énfasis familiar de estas fechas hace que para muches sean duras por este u otros motivos. Es cierto que en nuestra sociedad hiperindividualista el sentido de comunidad está demasiado a menudo olvidado o herido de gravedad, pero tenemos que recordar las raíces del colectivo LGBT+ más a menudo, llevarlas por bandera. Si la Navidad es una época difícil para ti, recuerda que no estás sole, que esta comunidad es muy grande y que siempre habrá gente dispuesta a echarte una mano si puede. Por nuestra parte, esperamos que sientas que la familia de LES está contigo.
