Elena Solera es periodista, profesora y escritora y autora de Caleidoscopio.
Oye, psss, psss… Sí, soy yo, Tania Sanders. Si no tienes cinco minutos, búscalos. Te prometo que valdrá la pena. Sé que es raro que un personaje salga de un libro para contarte su historia, pero, francamente, ¿qué es la normalidad hoy en día? Y si lees Caleidoscopio, la nueva novela de LES Editorial, verás que en el amor, lo raro es la norma.
¿Alguna vez has visto a dos chicas paseando de la mano, parándose en cada escaparate para besarse y has pensado: «¿Por qué yo no tengo esto?» Yo sí. Así que cuando supe que había una agencia de coaching sentimental en Madrid que prometía ayudarte a encontrar pareja para siempre, me lo pensé. Lo pensé mucho. Y después hice lo que pude para contratarlos. Porque no son baratos, y mi cuenta corriente todavía me manda mensajes pasivo-agresivos.
Hay huellas que solo se borran a cañonazos. Y la teoría de que un clavo saca otro clavo tiene un problema: que luego necesitas otro clavo, y otro, y otro más. Yo ya he agotado las existencias de Amazon y todavía tengo un agujero en el pecho del tamaño de la provincia de León (o de Arkansas, si te va lo dramático). ¿Sale en el libro? Claro que sale. Ese “agujero” siempre aparece cuando menos lo esperas, como una notificación de “recordatorio de pago”. Pero tengo claro que no quiero más “agujeros” en mi vida. Lo he dicho tantas veces que hasta me lo creo. O quizá no lo he dicho lo suficiente. O quizá no lo sé y solo me apetece pensarlo. La cuestión es que quiero a alguien que se quede. Y así se lo dije a Alex el primer día que empecé a trabajar con ella en Corazones, la agencia de coaching sentimental que se he metido en mi vida. Busco a alguien que no salga corriendo cuando me dé por analizar en profundidad si las etiquetas del arte contemporáneo son pura farsa o solo una excelente herramienta de marketing.
Me cuesta admitirlo, pero… Tenéis que conocer a Alex. Parece haber hecho un doctorado en Traducción de Cicatrices Emocionales. Aunque también tiene cosas malas, como una inexplicable devoción por la ropa marrón, que honestamente me resulta más inquietante que entrañable. Pero bueno, cada quien con sus excentricidades. Alex es mi coach. Me está enseñando a manejarme en esto del amor, a tratar a la gente sin parecer que me han programado para la ironía automática y, lo más importante, a reconocer cuándo tengo que bajarle dos rayitas. Créeme, hace falta. Dan, el recepcionista, podría confirmártelo con un PowerPoint.
Inciso. No me gusta venderme. No soy un Banksy que de repente decide monetizar su arte guerrilla con exposiciones a precio de oro. Solo quiero contarte mi historia porque, en algún momento, tú te has sentido como yo. Buscando, probando, intentándolo y preguntándote qué demonios está fallando. Que sí, que lo de Tinder y las citas está muy bien, pero… ¿después qué? ¿Dónde está esa persona con la que puedas debatir si Rothko tenía un talento descomunal o simplemente era un genio del marketing? Bueno, tampoco nos pongamos trágicas. Siempre me quedará Okif, mi perra, para pasear juntas por Madrid mientras reflexiono sobre la vida y el arte.
Me doy cuenta de que no te he hablado demasiado de mí. Perdón. Honestamente, casi nunca tengo que presentarme. Me llamo Tania Sanders y soy galerista. Monté mi propia galería hace unos años, y aunque Madrid y Barcelona están llenas de galeristas independientes, no todos saben encontrar la aguja en el pajar: el nuevo Jeff Koons, la próxima Marina Abramović, el Damien Hirst auténtico. Creo que yo sí. Mis apuestas son arriesgadas y por eso siempre estoy peleándome con los números y esquivando facturas.
Por cierto, te estarás preguntado por el coaching sentimental. ¿Funciona? Buf. No sé qué decirte. Hay cosas que sí y cosas que no. Desconfío de las soluciones enlatadas, y si has llegado hasta aquí, ya habrás notado que soy un poco especialita. No creo en fórmulas mágicas, y menos en esas que te dicen que revises si el emoji del WhatsApp es el adecuado o que deberías trabajar tu «energía femenina». Pero oye, yo qué sé. A veces, solo a veces, es bueno dejarse sorprender.
Y antes de que se me olvide: a esa mamarracha que dice ser mi autora, Elena Solera, ni caso. Cree que me controla, pero me gusta huir de las reglas. Mi vida es mía, y lo que pase con mi chica soñada en Caleidoscopio queda entre tú y yo, si te atreves a leer mi historia y descubrirlo.

